Venezuela instala máquinas biométricas para racionar alimentos

Venezuela instala máquinas biométricas para racionar alimentos
Venezuela instala máquinas biométricas para racionar alimentos
Reuters
21 de agosto 2014 - 06:49

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó el miércoles la instalación de máquinas lectoras de huellas dactilares en las tiendas de alimentos del país petrolero, con el fin de racionar las compras de los venezolanos agobiados por una alta escasez.

El Gobierno socialista alega que la falta de productos se debe al contrabando a través de sus fronteras, especialmente con Colombia, que costaría al país al menos un 40 por ciento de los alimentos y medicinas necesarios para satisfacer la demanda interna.

Maduro había dicho este año que presentaría una polémica "Tarjeta de Abastecimiento Seguro" para contabilizar los comestibles que se compran en la red de distribución estatal, levantando las críticas de la oposición que la denunció como el último paso hacia la "cubanización".

La medida anunciada el miércoles de establecer un "sistema biométrico", con máquinas que registren las huellas de los compradores también en los distribuidores privados de alimentos, se presenta como una extensión del plan original.

"(Debemos ir) al establecimiento, como debe explicarse, del sistema biométrico en todos los sistemas de distribución y comercialización, públicos y privados", dijo Maduro, en una cadena de radio y televisión, donde juramentó a varios comandos gubernamentales contra el contrabando en estados fronterizos.

Maduro no entregó detalles de cómo funcionará el sistema de registro, ni si será establecido en todo el país o sólo en los estados fronterizos.

Dijo que sería similar al sistema de capta huellas del registro electoral donde los venezolanos deben registrarse antes de votar.

"Lo comparo con el sistema electoral, porque es el mejor del mundo. El sistema de distribución, comercialización a través del sistema biométrico será un sistema perfecto. Estoy seguro", añadió.

A grandes rasgos, el objetivo es evitar que una misma persona compre grandes cantidades de alimentos para revenderlos después en el mercado negro o en el país vecino Colombia, donde un kilo de harina venezolana es vendido hasta seis veces más caro.

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