El inesperado reencuentro entre Tite y Bauza

Tite
Tite / Alexandre Schneider/Getty Images
Afp
07 de noviembre 2016 - 20:59

Brasil |/Nacieron con tres años de diferencia, conquistaron Sudamérica y hace pocos meses vivían en la misma ciudad, pero Tite y Edgardo Bauza llegarán el jueves a Belo Horizonte por rutas distintas: uno como el héroe que rescató a Brasil y el otro con Argentina en cuidados intensivos.

Cuando el idolatrado técnico del Corinthians y el nuevo entrenador argentino del Sao Paulo se enfrentaron en febrero, ambos sabían que volverían a verse. Lo que nadie imaginaba entonces es que este año frenético les citaría en el clásico sudamericano.

Todo sucedió muy rápido.

Después de meses de rumores y negativas, Tite asumió en junio el mando de un Brasil que había perdido el alma en sus fracasos, y en octubre ya era líder del premundial.

A los 55 años, la gloria internacional que ya conoció cuando llevó al Corinthians a ganar la Libertadores, el Mundial de Clubes y la Recopa Sudamericana (2012-2013) le volvía a encontrar ahora en el banco de la selección, el mismo que se le había escapado dos años antes, cuando Dunga le ganó el puesto tras el desastre del Mundial-2014.

De trato afable, pero con el carácter ardiente de los líderes, este exvolante al que las lesiones le llevaron de los gramados a la universidad de Educación Física, respondió al desprecio alargando su llegada anunciada a una 'canarinha' que Dunga no conseguía reanimar.

"Adjetivos como transparencia, excelencia y modernidad son mi forma de pensar y lo que traigo al fútbol", aseguró en su presentación.

De su mano, Brasil se sacudió la vergüenza y, como si le hubieran abierto la celda donde purgó dos años horribles, volvió a respirar.

Más suelta y creativa, la nueva Seleçao le sacó el corsé a Neymar y arrasó en los cuatro partidos que ha disputado, atreviéndose incluso a rescatar aquel 'jogo bonito' que había quedado atrapado en las crónicas de otros tiempos.

Un dulce viaje a los orígenes que, según ha confesado, ha superado incluso a este viejo conocido de los banquillos.

Emocionado, Tite no dudó en contar cómo había llamado llorando a su mujer tras su debut soñado ante Ecuador, victoria 3-0 en Quito, y le tembló la voz al hablar del enorme reto que supone dirigir a la Seleçao contra Argentina.

"No tengo adjetivos para poner. Estoy viviendo el sueño de cualquier entrenador brasileño. Y trato de no pensar, de focalizarme en la estrategia. Toda esta historia, esta rivalidad... es algo muy grande", afirmó.

- En la tormenta -

Bauza, por su parte, llega a Belo Horizonte con el sueño convulso. A este militante del optimismo y artesano de 'lo posible' poco le importó no ser la primera -ni la segunda- opción de la AFA para sustituir a Gerardo Martino en julio.

El puesto ya era suyo y la selección no es un tren que se pueda dejar escapar.

Con el mismo tesón con el que condujo al Liga de Quito (2008) y al San Lorenzo (2014) a ganar por primera vez la Copa Libertadores, el hasta entonces entrenador del Sao Paulo se lanzó a recuperar a una albiceleste todavía conmocionada por el tercer título perdido en dos años.

Su primera final la jugó, y la ganó, en Barcelona, de donde se trajo la vuelta de Messi a la selección. Semanas después, el capitán regresaba para marcar el gol de la victoria contra Uruguay, poniendo a Argentina líder del premundial.

Pero el camino pronto se torció para este trotamundos de 58 años al que sus grandes pies le valieron de niño el apodo de 'Patón'. Con Messi lesionado, a la albiceleste se le cayeron encima sus dos años bordeando la gloria y comenzó a deambular desorientada, como quien se pregunta si ha valido la pena el esfuerzo.

Los decepcionantes empates contra Venezuela y Perú fueron la antesala de la preocupante derrota en casa ante Paraguay en la última fecha, que dejó a Argentina fuera de los puestos para el Mundial-2018.

"Me siento en el centro de la tormenta, y es normal que yo sea el mayor responsable. Es esperable que la crítica sea dura, pero no me gusta cuando tildan mal a los jugadores", reivindicó Bauza en una de las reiteradas defensas a sus futbolistas.

En esta generación destinada a un oro que le huye sigue confiando a muerte el determinado Patón, aquel central con pocas condiciones que llegó a ser el cuarto zaguero más goleador del mundo.

"Soy una persona muy optimista (...) El día que me llamó Armando Pérez (presidente interino de la AFA), ni bien colgué el teléfono me imaginé campeón. No me imagino esta profesión si no lucho para eso", contó la semana pasada al diario Crónica.

Ahora, el futuro pasa por Belo Horizonte.

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