Reapertura a la nueva realidad

El Banco de Pensamientos ante el Coronavirus es un especial digital que recoge las opiniones de diferentes personalidades y profesionales panameños en relación a cómo ven Panamá después de la pandemia. Sus ideas pueden servirte de inspiración para enfrentar la crisis.

Miguel Mayo, exministro de Salud.
Miguel Mayo, exministro de Salud. / Cortesía.
Miguel A. Mayo - Exministro de Salud
01 de junio 2020 - 23:19

Ciudad de Panamá/Toda la población es susceptible al COVID-19 porque nadie tenía defensa (inmunidad) ante este nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). La inmunidad solo se desarrolla por el contacto con el virus o a través de una vacuna que no hay en este momento. Por este motivo el aislamiento es una medida efectiva para disminuir los contagios, pero siempre se debe garantizar la seguridad alimentaria de los más necesitados y vulnerables.

La cuarentena permite un desplazamiento de la curva de casos hacia la derecha, con el objetivo que los infectados se presenten poco a poco y el sistema de salud los pueda atender sin colapsar y evitar la mayor cantidad de muertes posibles. Su meta principal es salvar vidas manteniendo capacidad de respuesta sanitaria en especial los cuidados intensivos. Sin embargo, tiene un costo económico importante y en algunas situaciones con consecuencias devastadoras.

Eventualmente se debe “liberar” la cuarentena para tratar de volver a la “nueva realidad” y disminuir el impacto sobre la economía y reconstruir el país. Pero esta decisión debe tomar en cuenta varios factores que son imprescindibles para el éxito de la misma. La población debe estar informada que será un proceso paulatino donde algunas personas saldrán antes que otras y que existe la posibilidad de regreso al confinamiento en caso de rebrote importante.

Para empezar, debemos tener una tendencia clara al descenso de los contagios, por lo que el índice de reproducción efectiva (Rt) debe ser menor de uno. El sistema de salud debe estar en capacidad de poder responder ante la posibilidad de un rebrote. La vigilancia epidemiológica debe contar con las pruebas de detección viral necesarias y el personal de salud con los equipos de protección suficientes.

Las fases iniciales deben priorizar inicialmente a las personas de bajo riesgo (jóvenes sanos) y trabajos donde se pueda garantizar el distanciamiento físico. Es también, muy importante tener en cuenta la cantidad de gente que saldría a la calle en cada fase y procurar que sea un número máximo que permita, en caso de rebrote, una respuesta adecuada por el sistema de salud de la región. Esta cantidad de gente debe ser proporcional a la capacidad de resolución del sistema de salud de ese momento.

Otro factor muy importante a tener en cuenta es que cada fase debe ser evaluada 3-4 semanas después de iniciada y antes de empezar la siguiente, para conocer su impacto en el sistema de salud y así decidir retrasar o no la apertura de la siguiente fase.

Por último, pero no menos importante, es que antes de iniciar el proceso de “liberación” se deben tener los criterios médicos-técnicos que nos obligarían a retroceder en las medidas de apertura. Esto debe estar muy claro y ser del conocimiento público.

Creo que Panamá está atravesando esta crisis de forma transparente y no nos podemos permitir fallar en la reapertura. La población tiene que cooperar, y mucho, en el cumplimiento de estas medidas.

Debemos comprender que a algunos les tocará trabajar antes que a otros, pero todos, cuando salgamos, debemos usar mascarillas, tener gel alcoholado y evitar los saludos de manos, besos y abrazos.

Si todos cumplimos, habrá menos muertes que lamentar y será más fácil recuperar la economía y entonces vendrán los retos con nuevas prioridades que en mi concepto se fundamentarán en la eficiencia más que en la apariencia con la participación activa de la población en las decisiones que les incumben.

En salud, por ejemplo, se acelerará la migración hacia un Sistema Único, con enfoque en la Atención Primaria de Salud teniendo a las personas en el centro de sus decisiones, donde el Ministerio de Salud (Minsa) sea el ente rector, con las funciones esenciales de salud pública, una entidad aparte (probablemente la CSS), el ente prestador de servicio de atención y un financiamiento mixto, donde el Estado participe por los desempleados. En este modelo será fundamental la atención primaria de salud con énfasis en la prevención y participación activa de las personas en el mantenimiento de su estado de salud.

La educación tendrá un cambio drástico, y cada día serán más frecuentes los cursos por internet. Los congresos académicos utilizarán plataformas electrónicas para “llegar” a su auditorio. Debido a esta “nueva realidad”, considero que una de las inversiones más importantes que pueden hacer los gobiernos es en amplitud de banda de internet para que todos sus gobernados tengan la oportunidad de accesar a la información sin temor que se “caiga” el sistema o que la lentitud del mismo impida el adecuado aprendizaje.

En el ámbito personal también habrá cambios importantes como el apretón de manos, aquel símbolo que significaba, cariño, respeto y amistad, tendrá que cambiar por otro que nos permita mantener el distanciamiento físico recomendado. Tampoco debemos saludarnos con abrazos o besos, costumbre muy arraigada en el mundo occidental.

Por otro lado, tendremos que usar mascarillas faciales cada vez que salgamos de casa. El uso de elevadores debe restringirse para cuando sea estrictamente necesario y preferir las escaleras (sin tocar los pasamanos) cuando sea poca la distancia a recorrer. Las reuniones sociales serán más virtuales que presenciales, al menos por el resto del año en curso.

Entre más rápido comprendamos e interioricemos estas “nuevas realidades”, más fácil será adaptarnos a ellas y menos el sufrimiento y frustración al salir del aislamiento.

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