Los ferroviarios franceses mantienen la presión contra Macron

El presidente de la empresa pública de ferrocarriles de Francia SNCF, Guillaume Pepy, aseguró hoy que la huelga intermitente que los empleados de la misma llevan a cabo desde hace unos días ha costado ya unos 100 millones de euros.
El presidente de la empresa pública de ferrocarriles de Francia SNCF, Guillaume Pepy, aseguró hoy que la huelga intermitente que los empleados de la misma llevan a cabo desde hace unos días ha costado ya unos 100 millones de euros. / EFE
Efe
09 de abril 2018 - 10:17

El movimiento de protesta de los ferroviarios franceses contra la reforma de la empresa pública de ferrocarriles que promueve el presidente del país, Emmanuel Macron, no se detiene y mantuvo hoy la presión, el mismo día en el que los diputados comenzaron a estudiar la propuesta del Ejecutivo.

La cuarta jornada de paros en el pulso que los sindicatos han lanzado al Gobierno no ha hecho cambiar los planes del mandatario, dispuesto a llevar el duelo al campo de batalla de la imagen.

Los franceses volvieron a vivir una jornada caótica porque, pese a que el número de huelguistas se redujo (el 24,9 % frente al 29,7 % del pasado día 4), fue de tres cuartos entre los maquinistas, lo que impidió que circularan la mayor parte de los trenes.

Es una estrategia clásica en Francia en huelgas que se anuncian largas concentrar los paros en los puestos claves para que la mayor parte de los trabajadores no se vean penalizados en sus salarios, mientras se crean fondos subsidiarios para ayudar a los huelguistas.

Solo circuló un tren de alta velocidad de cada cinco, uno de cada tres regionales y uno de cada cinco ferrocarriles clásicos de larga distancia.

Se anuló únicamente una de cada cuatro conexiones internacionales, aunque en el caso de España solo se mantuvo una de cada cinco previstas.

De esa forma, se repitieron, por cuarta vez en una semana, las imágenes de estaciones ferroviarias atestadas de pasajeros bloqueados, con el corolario de autopistas con largos atascos, que en la región de París superaron los 400 kilómetros, más del doble que en condiciones normales.

"Tengo la impresión de que están secuestrando el país", aseguró a Efe en la estación del Norte de París Lili, estudiante obligada a ver desde el andén los cercanías llenos de pasajeros en los que apenas cabía un alfiler.

Dos horas antes de lo normal partió de su domicilio Nayeli, visiblemente molesta porque, pese a ello, seguía bloqueada, mientras que Frédéric recordaba que las huelgas de trenes no son algo nuevo en Francia y afirmaba que "siempre son los mismos los que protestan".

Roberta, quien trataba de llegar al aeropuerto Charles de Gaulle, se quejaba de la falta de información, al tiempo que Sophie apuntaba que "los ferroviarios pueden tener razón", pero que "son los usuarios los que sufren" sus huelgas.

Los ferroviarios se manifestaron, además, frente a la Asamblea Nacional, donde los diputados comenzaron el examen de los textos que reformarán la empresa pública SNCF.

El líder del sindicato CGT, Philippe Martinez, considerado el rostro de la protesta, reprochó al Ejecutivo su falta de voluntad de diálogo, mientras el presidente de la Asamblea Nacional, François de Rugy, rechazaba todo diálogo sobre el fondo de la reforma.

Frente al peligro de que el movimiento de protesta se eternice, el Gobierno ha comenzado a dar ya la batalla de la imagen, para tratar de desacreditar las peticiones de los ferroviarios.

Macron saltará a la palestra el jueves próximo, en vísperas del quinto día de huelga, en una extensa entrevista en el telediario de la tarde de la cadena TF1 para explicar su reforma.

Se trata de un informativo muy seguido entre sectores de bajos ingresos y en territorios rurales, los más afectados por los paros de trenes, lo que se considera una maniobra para desacreditar las peticiones de los sindicatos.

Mientras, quien dio la cara hoy fue el presidente de la SNCF, Guillaume Pepy, que en declaraciones al canal de televisión BFMTV aseguró que las huelgas han costado ya 100 millones de euros a sus cuentas e importantes problemas de abastecimiento a empresas del país, ante la escasez de trenes de mercancías.

Pepy defendió la reforma del estatuto de sus trabajadores como imprescindible para que la SNCF pueda afrontar con garantías la apertura a la competencia del tráfico ferroviario que exige Bruselas.

Los sindicatos denuncian que es un paso previo a la privatización de la empresa, lo que negó la ministra francesa de Transportes, Élisabeth Borne, quien afirmó que el Ejecutivo ya ha hecho algunas concesiones a los sindicatos.

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