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El icónico vestido negro que Diana de Gales lució en una de sus apariciones más recordadas volverá a una subasta y, según un reporte, el príncipe Harry estaría interesado en adquirirlo. La compra tendría un significado familiar: evitar que la prenda termine en manos de un coleccionista y mantenerla vinculada al legado de su madre. Por ahora, no existe confirmación del duque de Sussex sobre esa intención.
La pieza, conocida como el “vestido de la venganza”, será subastada el 9 de diciembre en Nueva York por la casa Sotheby’s. La estimación de venta se sitúa entre 150.000 y 300.000 dólares. Según Radar Online, una fuente cercana al asunto aseguró que Harry no querría que el atuendo desaparezca de la esfera pública y que contempla la posibilidad de que su esposa, Meghan Markle, lo conserve o lo luzca.
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“No quiere que desaparezca en el armario de un coleccionista”, compartió una fuente con el medio estadounidense. La misma persona añadió que el duque de Sussex “cree que debe permanecer vinculado a Diana” y “pertenecer”a su esposa, Meghan Markle. La versión, difundida por Radar Online y recogida por ¡HOLA!, no ha sido confirmada por Harry ni por representantes de la pareja.
La fuente planteó el valor simbólico que tendría conservar el diseño: “Harry ve ese vestido como un símbolo de su madre recuperando el poder”. A continuación, explicó: “Diana lo usó para responder a Carlos, a Camilla y a una institución que la había hecho infeliz. En la mente de Harry, Meghan entiende esa historia mejor que nadie”. Sobre la posibilidad de que la duquesa lo vista o simplemente lo tenga en su colección, añadió: “que Meghan usara o simplemente poseyera el vestido de la venganza de Diana sería increíblemente poderoso. Diría: Diana sobrevivió, Meghan sobrevivió, y ninguna de las dos permitió que el Palacio la definiera”.
Diana estrenó el vestido el 29 de junio de 1994, durante una gala benéfica celebrada en los jardines de Kensington, en Londres. La misma noche se emitió una entrevista televisiva en la que el entonces príncipe Carlos reconoció públicamente su infidelidad durante el matrimonio. La coincidencia convirtió la aparición de la princesa en un momento comentado y dio origen al apodo con el que la prenda sería conocida.
El diseño fue creado por la modista Christina Stambolian y Diana lo había comprado en 1991, pero no se había atrevido a usarlo porque le parecía provocativo. De color negro, con hombros descubiertos, largo por encima de la rodilla y una silueta ceñida, rompía con la imagen sobria que se esperaba de una integrante de la familia real británica.
La princesa completó el conjunto con una gargantilla de perlas y zafiros que incorporaba un broche regalado por la Reina Madre con motivo de su boda, pendientes de perlas de Collingwood, una pulsera de diamantes y zafiros, un bolso de Salvatore Ferragamo y zapatos de Manolo Blahnik. También llevó esmalte rojo escarlata, una elección que desafiaba el protocolo real.
La subasta tendrá un componente benéfico: una parte de los ingresos se donará a NHS Lothian Charity, en nombre del Royal Edinburgh Hospital, para apoyar a pacientes y familias afectados por problemas de salud mental. La venta vuelve a poner la prenda en el centro de la conversación sobre el legado de Diana, mientras la supuesta intención de Harry añade una dimensión familiar a la historia.