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Ciudad de Panamá, Panamá/El uso de potenciadores sexuales sin una indicación médica está generando preocupación, particularmente por el consumo que realizan algunos jóvenes que no presentan disfunción eréctil, pero recurren a estos medicamentos por curiosidad o ansiedad relacionada con su desempeño sexual.
La uróloga Shirley Castillo explicó que los medicamentos conocidos como potenciadores sexuales pertenecen al grupo de los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 y que, en términos médicos, deberían utilizarse bajo prescripción. Sin embargo, señaló que en Panamá estos productos pueden adquirirse en farmacias sin receta.
“Cualquier persona puede llegar a la farmacia, pedirlo por su nombre comercial o por su nombre genérico, independientemente de la dosis, y probablemente se lo van a vender”, explicó. Castillo advirtió que el problema no se limita al consumo de medicamentos que cuentan con registro sanitario. También existen productos comercializados de manera clandestina que se presentan como naturales y que pueden contener fármacos que no aparecen declarados en sus etiquetas.
La especialista explicó que algunas alertas e investigaciones han identificado productos comercializados como potenciadores sexuales que contienen sustancias como sildenafil o tadalafil, sin informar su presencia ni la cantidad que contienen. En estos casos, el consumidor puede estar tomando un medicamento sin saberlo y sin conocer la dosis que realmente está recibiendo.
“Están consumiendo un medicamento sin una prescripción médica y sin saber exactamente qué dosis están recibiendo, solo porque lo están tomando de una bebida supuestamente natural”, señaló. Castillo indicó que estos productos pueden encontrarse en diferentes presentaciones, como jarabes, mieles, geles, gotas, cápsulas, gomitas o chicles, además de tabletas.
La diferencia, explicó, es que existen medicamentos en presentaciones controladas que pueden ser utilizados bajo supervisión médica, mientras que algunos productos clandestinos se comercializan como suplementos o productos naturales sin declarar los medicamentos que contienen. “Si yo me tomo un sobrecito de miel, si yo me tomo una tapita del jarabe, yo no sé qué cantidad del medicamento realmente estoy recibiendo”, advirtió.
Según la uróloga, el consumo puede comenzar desde edades tempranas, incluso entre hombres que recién empiezan su vida sexual. Explicó que algunos jóvenes recurren a estos medicamentos por curiosidad o porque sienten ansiedad ante la expectativa de tener un buen desempeño sexual, aunque no tengan una disfunción eréctil. “Desde jóvenes tienen la necesidad de tratar de desempeñarse lo mejor posible y creen tener un problema de disfunción eréctil cuando no lo tienen”, sostuvo.
Según Castillo, en estos casos el medicamento puede generar la percepción de que existe una mejoría debido a un efecto placebo y a la reducción de la ansiedad de desempeño. Esto puede derivar en una dependencia psicológica. La persona comienza a asociar el desempeño sexual con el consumo del medicamento y puede sentir que no podrá mantener relaciones sexuales sin utilizarlo. “Entonces, al final, no causa una dependencia fisiológica, sino que causa una dependencia psicológica”, explicó.
Castillo señaló que el uso de estos medicamentos sin una indicación adecuada puede provocar diferentes efectos adversos. Entre los más comunes mencionó dolor de cabeza, mareos y enrojecimiento de la piel, relacionados con el efecto vasodilatador de estos fármacos. También explicó que una de las principales preocupaciones se presenta cuando estos medicamentos se combinan con determinados tratamientos o sustancias que producen vasodilatación.
En el caso del sildenafil, por ejemplo, existe una contraindicación absoluta con los nitratos, utilizados en determinados tratamientos cardiovasculares y para otras condiciones específicas. La combinación puede provocar una disminución importante de la presión arterial y generar una complicación grave. Castillo aclaró, además, que el sildenafil por sí solo no necesariamente provoca un problema cardíaco, pero existen medicamentos y condiciones médicas con los que está contraindicado.
Otro de los mitos que la especialista buscó aclarar es que estos medicamentos aumenten el deseo sexual o permitan retrasar la eyaculación. Castillo explicó que estos medicamentos están destinados principalmente al tratamiento de la disfunción eréctil y que algunos también tienen indicaciones relacionadas con problemas prostáticos. Por ello, su uso con fines recreativos no necesariamente produce el efecto que buscan quienes los consumen.
La especialista también alertó sobre las mezclas de estos medicamentos con alcohol, drogas recreativas o bebidas energéticas. Explicó que el alcohol puede potenciar algunos de los efectos adversos más comunes, como mareos, dolor de cabeza y enrojecimiento de la piel. Sin embargo, señaló que existe una preocupación particular con sustancias recreativas que también tienen efectos vasodilatadores.
Por ello, recomendó evitar este tipo de combinaciones y, especialmente, el uso de estos medicamentos cuando no existe una indicación médica. Entre las complicaciones menos frecuentes, pero de mayor gravedad, se encuentra el priapismo, una erección sostenida y dolorosa que dura más de cuatro horas.
Castillo explicó que esta condición constituye una urgencia urológica y requiere atención médica. Ante un caso de priapismo, la especialista señaló que es necesario acudir a un hospital, ya que puede requerirse un procedimiento para drenar la sangre acumulada. El riesgo puede aumentar cuando existe un consumo excesivo, una dosis incorrecta o alguna condición médica que contribuya a la complicación.
Castillo hizo un llamado especialmente a los jóvenes que utilizan potenciadores sexuales sin necesitarlos. Explicó que, en los hombres jóvenes, las dificultades relacionadas con la erección pueden estar vinculadas con factores psicológicos, por lo que el uso de estos medicamentos no necesariamente aborda la causa del problema.
Durante una evaluación médica, explicó, se pueden analizar aspectos como el momento en que aparecen las dificultades, desde cuándo ocurren y la existencia de otras condiciones o hábitos que puedan influir, entre ellos la obesidad, el consumo de alcohol o el tabaquismo. La especialista insistió en que la recomendación es determinar primero si existe una indicación real para utilizar estos medicamentos, en lugar de recurrir a ellos por curiosidad, presión o ansiedad relacionada con el desempeño sexual.