Temblor en Panamá: El desafío de asegurar las escuelas y proteger la salud mental de los estudiantes

Organizaciones de la sociedad civil urgen al Ministerio de Educación a garantizar no solo la infraestructura, sino el bienestar emocional de los estudiantes tras el sismo de 7.5 grados del 9 de octubre.

El desafío de asegurar las escuelas y proteger a salud mental de los estudiantes luego del sismo / Redacción de TVN Noticias

Ciudad de Panamá/El retorno a clases tras el sismo en Panamá de 7.5 grados registrado el pasado 9 de octubre representa un desafío que va mucho más allá de la reconstrucción de aulas.

En entrevista en Noticias AM, Valerie Quintero, representante de Jóvenes Unidos por la Educación y junto a Fudespa, detalló las urgentes recomendaciones entregadas a las autoridades para proteger a la comunidad educativa en las provincias de Herrera, Los Santos, Coclé y Veraguas, donde más de tres mil estudiantes perdieron sus espacios de estudio.

Para estas organizaciones, la prioridad es abrir las escuelas de manera segura. Esto implica evaluar la infraestructura escolar, pero también garantizar las necesidades básicas.

Quintero es enfática al asegurar que no se puede hablar de educación si las familias no tienen dónde vivir o qué comer. Además, exigió total transparencia sobre el estado real de los planteles, ya que los padres de familia necesitan confiar en que los espacios son aptos antes de enviar a sus hijos.

Impacto emocional

Más allá de los daños físicos, la salud mental de los estudiantes y docentes es una prioridad crítica. Panamá carece de una cultura sísmica consolidada, y el trauma del 9 de octubre dejó secuelas profundas. Los estudiantes relatan haber sentido un fuerte zumbido seguido de un remezón que los llenó de terror.

La representante de Jóvenes Unidos por la Educación destacó que el apoyo psicoemocional debe ser estructurado, constante y, en muchos casos, uno a uno, ya que tanto maestros como alumnos resultaron damnificados.

Y es que los traumas se manifiestan de manera distinta según la edad. Los niños de tres a seis años muestran apego excesivo, regresiones o silencio absoluto. Los de siete a doce años temen dormir solos y presentan dolores físicos. Mientras que los adolescentes entre trece y dieciocho años reaccionan con irritabilidad, insomnio o apatía.

Ante este panorama, las organizaciones instan a implementar protocolos de seguridad estandarizados y claros para actuar ante réplicas, eliminando el miedo y la incertidumbre en los entornos educativos.

Finalmente, con apenas 34 días hábiles para cerrar el año escolar, el llamado es a la acción conjunta. La recuperación de los aprendizajes en las zonas devastadas requerirá el apoyo de toda la sociedad civil durante el periodo vacacional. El documento completo con las guías para padres y maestros está disponible de forma gratuita en las redes sociales de Jóvenes Unidos por la Educación.

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