Las víctimas de la catástrofe reprochan al ejecutivo regional que no avisó a los habitantes con suficiente tiempo del peligro de las lluvias torrenciales.
La pareja real había realizado una primera visita a la región de Valencia el 3 de noviembre,acompañados del presidente del gobierno español Pedro Sánchez y del presidente de la comunidad valenciana, Carlos Mazón.
Instalados en primera fila, el rey Felipe VI y la reina Letizia fueron aplaudidos a su llegada por decenas de personas congregadas frente a la catedral, alrededor de la cual se dispuso un amplio perímetro de seguridad.
El viernes, cuando se cumplía un mes de la tragedia, en varias de estas localidades donde los vecinos siguen limpiando fango y la vida normal parece todavía muy lejana, se realizaron homenajes y concentraciones de recuerdo a las víctimas.
En España, país muy descentralizado, las competencias en la gestión de catástrofes corresponden a las administraciones regionales, pero el Gobierno central puede poner medios e incluso asumir la gestión en un caso extremo.
Varios soldados de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que interviene en casos de catástrofes naturales, se encontraban en el edificio cuando el techo se derrumbó.
Tras las caóticas imágenes vistas en su primer desplazamiento a la zona, esta nueva visita estuvo rodeada de la máxima discreción y de hecho la Casa Real no comunicó la agenda oficial por adelantado.
El anuncio del nuevo desplazamiento de los reyes se produce el mismo día en que Felipe VI tiene previsto encontrarse con los militares que están desplegados en Valencia para colaborar en las labores de limpieza y reconstrucción de la zona.
En las zonas afectadas, miles de soldados, policías, guardias civiles y servicios de emergencia siguen reparando las infraestructuras destruidas por el lodo, repartiendo ayuda y buscando todavía decenas de personas desaparecidas.