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Brasilia, Brasil/El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival Flávio Bolsonaro se miden el domingo en la primera vuelta de las presidenciales de Brasil, que decidirán si la principal economía latinoamericana se mantiene a la izquierda o se suma a la ola derechista en la región alentada por Donald Trump.
Los sondeos dan una ligera ventaja al veterano Lula, de 80 años, sobre el senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, de 45.
La campaña mantuvo un tono menos belicoso que el que marcó el duelo de 2022, entre Lula y su némesis ultraderechista, hoy preso por intento de golpe de Estado tras perder esos comicios por poco.
Pero estuvo salpicada por escándalos y acusaciones de corrupción, que alcanzaron al propio Flávio Bolsonaro.
Muchos brasileños se muestran cansados de ver prácticamente a los mismos actores en liza -Lula busca un cuarto mandato y los Bolsonaro luchan en su tercera elección consecutiva- y desconfían cada vez más de las instituciones.
"Sigo indeciso. Porque la corrupción es tan descarada. Es difícil", dice Joel da Silva, de 42 años, portero en Rio de Janeiro que ya votó por ambas opciones en elecciones pasadas.
Lo más probable es que Lula y Flávio Bolsonaro deban luchar por cada voto de los casi 160 millones de electores en una segunda vuelta el 25 de octubre, en la que aparecen técnicamente empatados.
Lula enarboló la bandera de la soberanía ante lo que denunció como el intervencionismo de Donald Trump, después de que aspirantes de derecha apoyados por el mandatario estadounidense se impusieran en las presidenciales de Chile, Colombia y Perú.
"Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", lanzó el izquierdista en la Asamblea General de la ONU.
Hasta ahora, Trump no apoyó explícitamente al hijo de su aliado Jair Bolsonaro, si bien recibió al senador este año en un encuentro privado en la Casa Blanca.
Lula, que hizo campaña con el sombrero panamá que lleva desde que sufrió cáncer de piel, dice estar más en forma que nunca.
Su tercer mandato no consecutivo se cierra con un desempleo en mínimos, una inflación bajo control, pero a la vez una economía que se desacelera y una inseguridad rampante.
En un intento de desempatar los sondeos, hizo guiños a las clases populares: subió la dotación de su programa de asistencia social Bolsa Familia y prohibió las apuestas en línea, una lacra que endeuda a millones de brasileños.
"Sin querer idolatrar, es uno de los mayores presidentes que tuvo este país", dice Israel Gomes, de 52 años, en el hotel que administra en Brasilia, frente a un retrato de un joven Lula.
Pero el izquierdista nunca se sacudió la etiqueta que le puso la derecha de "ladrón", tras la condena por corrupción que le llevó a la cárcel en 2018 antes de que fuera anulada por motivos de forma.
Flávio Bolsonaro fue designado candidato tras la pena de 27 años de prisión a su padre, líder indiscutible de la derecha brasileña que gobernó con ataques persistentes a las instituciones.
De perfil bajo y poco conocido a nivel nacional hasta hace poco, asume sin complejos su condición de "hijo de", aunque se presenta como una versión más moderada que el ultraderechista.
Su principal promesa: emular el modelo de mano dura contra el crimen del salvadoreño Nayib Bukele.
El sastre Elias Camisero, de 74 años, votará por él para acabar con los grupos criminales que controlan barrios populares en grandes ciudades brasileñas.
"Tiene que terminar. Hoy, en Brasil, quien manda es el crimen organizado", dice a la AFP en Sao Paulo.
Flávio Bolsonaro dice que pasará página de la "incompetencia y corrupción" de los gobiernos de Lula.
Pero es investigado por corrupción y lavado de dinero en la producción de un biopic sobre su padre, en parte financiado por un banquero detenido por estafa, Daniel Vorcaro.
El senador admitió haberle pedido dinero, pero niega irregularidades.
Vorcaro habría además mantenido vínculos con un poderoso juez de la corta suprema.
Esto desató una crisis inédita en el seno del máximo tribunal en plena campaña.
"Hay cansancio del electorado, que piensa que todo el mundo es corrupto", dijo a la AFP el profesor Joscimar Silva, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Brasilia.