Estimulación temprana en la primera infancia: una inversión clave para el desarrollo infantil

Especialistas destacan que las interacciones sencillas en el hogar durante los primeros años de vida son fundamentales para moldear el cerebro de los niños y asegurar su futuro económico y social.

Estimulación temprana en la primera infancia: una inversión clave para el desarrollo infantil / Redacción de TVN Noticias

Ciudad de Panamá/Invertir en los primeros años de vida de un niño no solo transforma su futuro individual, sino que constituye una de las políticas públicas más rentables para el desarrollo de un país.

Durante los primeros ocho años de vida, conocidos como la primera infancia, se sientan las bases fundamentales de la arquitectura cerebral humana.

Aminta Saldaña, vicepresidenta de la Cámara Panameña de Desarrollo Social, destaca que en los primeros 1,000 días de nacidos los niños generan más de un millón de conexiones cerebrales o sinapsis por segundo. Este vertiginoso desarrollo inicial marca la capacidad de aprendizaje y adaptación que el individuo tendrá a lo largo de toda su vida.

Desde una perspectiva económica, diversas investigaciones respaldadas por premios Nobel revelan que por cada dólar invertido en la primera infancia, el retorno económico para la sociedad puede alcanzar hasta los 13 balboas.

Esta cifra cobra especial relevancia en países como Panamá, donde más del 37 % de la población infantil en estas edades vive en situación de pobreza y un 19 % en pobreza extrema.

Aminta Saldaña, vicepresidenta de la Cámara Panameña de Desarrollo Social.
Aminta Saldaña, vicepresidenta de la Cámara Panameña de Desarrollo Social. / TVN Noticias

Existe la creencia errónea de que la estimulación temprana es un recurso exclusivo para niños con alguna discapacidad o condición de salud especial. Sin embargo, los expertos aclaran que la estimulación consiste en el conjunto de experiencias e interacciones cotidianas entre el menor y sus cuidadores, un proceso indispensable para todos los infantes sin excepción.

Actividades simples dentro del hogar, como cantarles, leerles cuentos, jugar al escondite o elaborar herramientas lúdicas con objetos cotidianos como ollas, cucharas de madera o botellas con granos, son altamente eficaces. Estas dinámicas fortalecen la relación afectiva y garantizan que el cerebro infantil reciba el estímulo necesario para un crecimiento óptimo.

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