A pesar de que la noche transcurrió con tranquilidad, Francisco no llevó a cabo sus actividades habituales del domingo, como leer los periódicos o desayunar.
El jesuita argentino, cabeza de la Iglesia católica desde 2013, fue ingresado en el hospital Gemelli de Roma con bronquitis, que derivó en una neumonía bilateral.
El equipo médico que lo trata había precisado el viernes por la tarde, en rueda de prensa, que un comunicado largo en general significa que la evolución del estado de salud del sumo pontífice no es buena.
La hospitalización del jefe de la Iglesia católica, la cuarta desde 2021, ha atizado las conjeturas sobre su futuro, aunque los médicos aseguraron este viernes que está bromeando y no está conectado a ninguna máquina.
El obispo de Roma ya se ha visto obligado a cancelar varios compromisos en lo que va de año, o a delegar la lectura de sus textos o incluso parar en plena homilía, casi sin aliento.
Francisco
ingresó en el hospital Gemelli de Roma por una bronquitis el viernes pasado y el martes la Santa Sede anunció que padecía una neumonía bilateral, una infección del tejido pulmonar potencialmente mortal.
Fuentes del Vaticano afirmaron, no obstante, que, pese a su enfermedad, el papa se sigue manteniendo informado e intentando trabajar, leyendo y firmando documentos, escribiendo y hablando con sus colaboradores.
Estas últimas noticias han reavivado la preocupación por la salud del jefe de la Iglesia católica, cuyo estado en declive está siendo puesto a prueba por una agenda sobrecargada y un pesado ritmo de trabajo que se ha negado a aligerar.
Una fuente del entorno de Francisco había asegurado anteriormente el lunes a AFP que no había "motivo de alarma" tras su ingreso en el hospital Gemelli de Roma.
El papa no pudo asistir a la misa del domingo en la Basílica de San Pedro ni dirigir la oración semanal del Ángelus, y envió un mensaje disculpándose a un grupo de artistas y otras personalidades del ámbito cultural con las que debía reunirse.
El Vaticano indicó el viernes que el papa había sido sometido a exámenes que mostraron "una infección en las vías respiratorias" y que presentaba "fiebre leve".
El pontífice padece bronquitis desde la semana pasada y el miércoles tuvo que renunciar a terminar de leer su discurso en su audiencia general semanal, a causa de las dificultades para respirar.