Jelou!
En vivo
En la comunidad de Machuca, en el corregimiento de Piedras Gordas, distrito de La Pintada, Coclé, creció Jonathan Rodríguez, un joven de 24 años que encontró desde niño en el dibujo una forma de expresarse y, con el tiempo, convirtió esa habilidad en un refugio y una forma de contar historias.
Cuando comenzó a dibujar, Rodríguez tenía muy pocos recursos. Un lápiz de carbón, un cuaderno de dibujo y un bolígrafo eran prácticamente todos los materiales con los que contaba.
Desde cuarto o quinto grado de primaria empezó a realizar sus primeros dibujos. Su talento llamó la atención de sus maestras, quienes lo buscaban para participar en la elaboración de murales en la escuela.
Lo que comenzó como una habilidad fue adquiriendo un significado más personal.
“Fue como un refugio que encontré dedicarme al dibujo y luego a la pintura”, contó Rodríguez.
Con el tiempo comenzó a experimentar con la pintura. Sus primeros trabajos estuvieron ligados a algo cotidiano: colocaba nombres y números en los suéteres de jugadores. Con los restos de pintura que lograba ahorrar, principalmente blanco, negro, rojo y amarillo, empezó a practicar en pequeños cuadros.
Aquellos pocos materiales fueron suficientes para comenzar a desarrollar una propuesta propia.
Rodeado de la naturaleza de su comunidad, Rodríguez encontró otra de sus principales fuentes de inspiración. El entorno natural que lo acompañó desde niño se convirtió en parte de su proceso creativo, mientras continuaba aprendiendo y experimentando con distintas técnicas.