Procesión Del Cristo Pobre
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Ciudad de Panamá, Panamá/Durante la Semana Santa, en distintas regiones de Panamá, las familias aprovechan estos días de reflexión para mantener vivas sus tradiciones, especialmente a través de la gastronomía. Es una época en la que la mesa se convierte en punto de encuentro, donde generaciones se reúnen para preparar recetas heredadas que evocan recuerdos, fe y unión familiar. Los postres, en particular, cobran un significado especial, ya que forman parte esencial de estas celebraciones.
En muchos hogares panameños, la preparación de dulces tradicionales se convierte en una actividad colectiva. Ingredientes como el coco, la miel, las frutas y las especias se transforman en exquisitas delicias que acompañan la temporada.
En la provincia de Chiriquí, en el distrito de Alanje, se destaca la preparación de panecillos y conserva de papaya verde, postres que han traspasado fronteras, porque algunos los compran para llevar ese sabor particular al extranjero.
Más allá de su sabor, estos postres representan identidad cultural y el deseo de preservar costumbres que han pasado de abuelos a padres e hijos.
En la provincia de Colón, durante los días santos, destaca la elaboración del tradicional bon, un postre de raíces afroantillanas que se ha convertido en símbolo de la época. Su preparación, que combina frutas secas, especias y un toque especial de licor, es todo un arte que muchas familias siguen practicando con dedicación y orgullo.
Entre aromas dulces y recetas cargadas de historia, la Semana Santa en Panamá no solo se vive desde la fe, sino también desde la cocina, donde cada plato cuenta una historia y cada postre, como el bon colonense, reafirma el valor de las tradiciones que unen a las familias.