Rey de Reyes Capítulo 1: La Multiplicación de los panes y peces
Uno de los milagros más hermosos de Jesús es el de la multiplicación de los panes y peces, pues en todo esto, Jesús revela un poderoso signo de su amor para con su pueblo. Él involucra, además, a sus discípulos, para que aporten su granito de arena. Los panes y los peces los ofrece un muchacho, como signo de lo que ofrece el pueblo a Dios.
Aquel día especialmente Jesús, viendo tanta gente, sintió compasión. Ve aquella multitud agobiada, enferma y hambrienta. La observa con profundidad, lee en sus rostros el dolor, el agobio, y se pone en seguida a curarlos de sus enfermedades, a enseñarles muchas cosas y a atender con cariño a cada persona que se acercaba a Él. Era una gran multitud: 5,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Jesús les alimenta primero con la Palabra de vida y después con el pan multiplicado. Ni siquiera espera a que se lo pidan. Él se adelanta.
Va cayendo la tarde, y los discípulos le dicen que despida a la multitud. Pero Jesús les reta: "Dénles ustedes de comer". Preocupado Felipe estimó que doscientos denarios no eran suficientes para comprar comida para todos (Un denario podía bien conformar el jornal de un trabajador), mientras que Andrés encontró a un niño que tenía cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Cómo alimentaremos a toda esta gente con tan poco?
Sin preocuparse, Jesús ordenó que todos se sentaran en grupos de cien y de cincuenta. Luego tomó los cinco panes y los dos peces del niño, pronunció la bendición, y se los dio a sus discípulos para que los distribuyeran entre las personas. Los que comieron fueron cinco mil hombres, pero sin contar a las mujeres ni a los niños. Cuando todos quedaron saciados, Jesús ordenó: “Recoger los pedazos que sobran, para que no se pierda nada” (Jn 6,12); y se juntaron doce canastas de sobras.