114 años ¿Cuál vida independiente?

114 años ¿Cuál vida independiente?

Por estos días sigo viendo a muchos felices por nuestra clasificación al Mundial Rusia 2018 y por las fiestas patrias, hechos que nos estimulan a ser mejores ciudadanos y nos dan una bocanada de frescura, pero aquí en medio de mis Déjà vus, me puse a analizar que ciertamente existen razones para celebrar y sentirnos orgullosos, pero ¿nos olvidaremos de todo lo que nos sucedió y sucede desde hace meses atrás?

Esto de los Panama Papers, Waked, Martinelli, Odebrecht etc, nos abrumó y nos abruma como coterráneos, pero espero que no pase como siempre que todas estas celebraciones nos desvían la atención de estos casos que más que escandalosos nos dejan enseñanzas de un Panamá descompuesto en todos los sentidos.

¿Qué ejemplo dejan estos empresarios y políticos con sus acciones?, pero lo principal es ¿qué debemos hacer y qué aprendimos? y ¿cómo erradicar este cáncer social?.

Me irrita que muchos se presentan como honorables ciudadanos panameños, pero están inmersos en el tráfico de drogas, de personas, extorción, en fin, en cuanto maltrecho negocio que les genere más ingresos sin importar a quien afecten o peor aún a quien se “lleven por delante”.

Lo peor es que nos vienen con discursos de honestidad, hacen donaciones hasta a los curas para las patronales, pero en el fondo son escorias de personas que nos utilizan para sus fines, y es que la gente no hace nada, ni reaccionan.

En opinión pública a esta situación se le llama la “Espiral del silencio”, o sea, lo que no me afecta directamente no me interesa, y pienso ¡Bingo! di en el clavo, a los panameños no nos importa enmendar nada en nuestra mal trecha sociedad.

Yo no creo que en el mundo no exista un ser más positivo que yo, pero a veces desfallezco ante la apatía ciudadana, la cual lógicamente aprovechan, los diputados, magistrados y hasta el gobierno para taparse unos con otros.

Me siento como dice mi amigo Edwin Cabrera, en “congolandia”, sí ese paraíso donde nada pasa y nadie hace nada.

Entonces ¿debemos celebrar con bombos y platillos 114 años de vida independiente?, ¿existen razones para hacerlo, más allá de los desfiles, el tamborito y las dianas?. En realidad no sé.

Siento que muchos panameños andan por las calles para completar el censo, pues no veo a los jóvenes cuestionando los hechos, peleando por sus derechos, por su futuro; lo peor aún, siento que ya no sueñan con un porvenir y eso me trunca el corazón.

Me siento super orgulloso de ser panameño, de haber nacido en esta tierra bendita, pero que en 114 años creo yo (espero estar equivocado) perdimos nuestra dignidad, identidad y hasta nuestros sueños.

Crecí y me eduqué en un colegio cuya premisa era “formar buenos cristianos y honrados ciudadanos”, ojalá que toda esta catarsis sea un chorro de babas y yo esté más equivocado que Trump. Lo anhelo de corazón, porque si estoy en lo correcto, que Dios nos agarre confesados.

Amén

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