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Ariel: el hombre al que el VIH no ha podido tumbar

Los adultos mayores con VIH en Panamá

Ariel llegó con su caminar pausado, a su entrada al recinto, la cordialidad con la que saludó dejaba claro el grado de familiaridad que tenía con quienes lo rodeaban.

A diferencia de su caminar, su voz y hablar no eran pausado, Ariel estaba claro a lo que iba. Había llegado para hablar o más bien visualizar a quienes como él padecen de VIH.

De mediana altura, tez blanca pálida y una delgadez normal, Ariel contó sin reparo que lleva más de 20 años conviviendo con el VIH. Ya no le interesa ni quién, ni cómo, ni cuándo se contagió con el VIH, lo que si está claro es que todos los días debe luchar por que el virus no deteriore aún más su frágil condición.

Relató que debido al VIH atravesó la etapa SIDA, y que ahora padece de diabetes, leucemia, hipertensión y fibrosis pulmonar y aunque el virus es casi imperceptible en su organismo, los otros males, derivados de su condición, comprometen su salud, por lo que debe cuidarse de sobremanera. Meses atrás atravesó un coma prolongado que lo dejó en cama por mucho tiempo.

Cuando le diagnosticaron su padecimiento sintió que el mundo se le venía encima. ¿cómo decirle a mis padres y amigos? Fue lo primero que cruzó por su mente. Lo siguiente, un cuadro de depresión que duró mucho en superar.

Ariel es el rostro visible de muchos panameños (as) que hoy viven con el VIH, unos sabiendo y otros sin saberlo. A diferencia de otros, Ariel decidió años atrás alzar su voz y luchar contra el estigma, que como si se tratase de la Letra Escarlata los arrincona socialmente.

Entre una mezcla de dolor, ira y poca resignación Ariel reveló que no es sujeto de crédito, que debe vivir “con el día a día”, pues no goza de una entrada fija que le ayude a sobrevivir o llevar una vida más decorosa.

Sentados frente a frente, narró que lleva una vida normal, pero que aún resiente como es rechazado por padecer de VIH.

Con ojos vividos y una mirada de nostalgia, recordó cuando llegó a Probisida en busca de ayuda para superar no sólo la enfermedad, sino la depresión y el rechazo y es allí donde le cambió la vida al encontrar apoyo.

“De un día a otro estaba viajando a otros países dando charla y estimulando a muchas personas, fue un momento muy bueno y que me sirvió mucho, pues me sentía útil”, relató no triste, sino orgulloso.

Ariel lo conocí, cuando elaboraba un reportaje sobre la realidad de los panameños y panameñas que viven hoy día con VIH y que pasan los 50 años, una realidad cruda por la que atraviesan muchas personas en este pequeño país.

Él - Ariel - tiene 53 años, era un hombre guapo y productivo cuando fue diagnosticado, pero lo que si le ha permitido seguir adelante, fue el examen que se realizó a tiempo y que identificó su padecimiento.

Pero muchos no corren o corrieron con la misma de Ariel. Según cifras que maneja Probisida se han llegado a detectar el virus en personas entre 60 y hasta 80 años. Lo más dramático es que 3 de cada 4 mujeres en edad madura han sido contagiadas por su pareja, muchas veces luego de cometer una infidelidad dentro del matrimonio.

Ante esta realidad hay varias lecciones que aprender, primero no discriminar, pues cada persona lleva una historia distinta y además nos urge como país romper los tabúes sobre la sexualidad y hablarlo desde la infancia o instaurar por fin en las escuelas las guías de educación sexual.

Pero mientras este sueño se concrete, Ariel sigue viviendo con el estigma de una enfermedad con la que convive todos los días, pero que lo margina debiéndole una mejor calidad de vida.