Boletos impagables del Mundial 2026: la frustración de una familia mexicana que no puede asistir al torneo en casa

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Familia Rueda boletos imoagables para asistir al Mundial 2026 / AFP
AFP
02 de abril 2026 - 12:05

Mexicali, México/Fernando, Jairo y Emilio Rueda comparten apellido y devoción por el fútbol. Pero con la disparada de precios respecto a los dos mundiales organizados anteriormente en México, abuelo, padre y nieto ven inasequible ahora ir juntos a la cancha a alentar al Tricolor.

Pocas veces en una vida se recibe una Copa del Mundo en casa, aunque el de este año será el tercero en México, tras 1970 y 1986.

Jairo lo intentó todo para comprar boletos, cuyos elevados valores han provocado críticas de organizaciones de aficionados contra la FIFA.

Sin suerte en el sorteo oficial para adquirirlos, quedó librado a una oferta y demanda que ha llevado a que las entradas coticen en cientos o miles de dólares.

"Los boletos se hicieron impagables", sentencia este especialista en finanzas, de 51 años. Lamenta que "siendo el fútbol un deporte tan popular, el acceso a los estadios para un Mundial se volvió algo clasista, elitista".

Habla por experiencia propia y cuenta con un testigo de excepción: su padre, Fernando Rueda, empleado público jubilado de 86 años.

Aquel verano de 1986, cuando México albergaba un Mundial por segunda vez en menos de veinte años, Fernando recibió un generoso regalo.

Un compañero de trabajo "no tan aficionado" al balompié le obsequió abonos para tres partidos: Argentina-Corea del Sur, México-Irak e Inglaterra-Paraguay.

"Mis dos hijos fueron a los tres", recuerda Fernando. El gesto de aquel colega resulta impensable en 2026, cuando la reventa por internet facilita hallar compradores dispuestos a pagar millones de pesos.

"Recuerdos claritos" -

"Tengo los recuerdos claritos, ya estaba enganchadísimo con el fútbol", relata Jairo, quien entonces tenía 12 años.

De aquellas jornadas atesora la coronación de la Argentina de Diego Maradona, el penal que falló Hugo Sánchez contra los paraguayos en la fase de grupos y los temibles hooligans ingleses, a quienes tuvo de vecinos de tribuna en el Estadio Azteca.

"En las taquillas había filas al entrar al estadio porque podías comprar los boletos el mismo día del partido", añade.

Padre e hijo recuerdan también la algarabía que se adueñó de la capital en los mundiales precedentes.

En 1970 "el fútbol ya empezaba a ser un deporte más de masas", señala Fernando.

Rendido admirador del brasileño Pelé, quien comandó al título a una de las mejores selecciones de la historia, el abuelo Rueda rememora cómo vio los partidos en horas de trabajo.

"De alguna forma conseguimos que algún compañero que tenía televisión la llevara a la oficina y ahí vimos los partidos, sin emocionarse mucho porque era una oficina pública", dice sonriente.

Jairo no olvida el fervor de 1986: hinchas de todo el planeta invadiendo las calles, casas adornadas con motivos mundialistas o fans que detenían automóviles e invitaban a sus ocupantes a cantar porras por México.

"Frustrado de no poder asistir" -

Cuarenta años después, Emilio, de 13 años, se prepara para su primer Mundial en casa, que prolonga la pasión futbolera que lo une a su padre y su abuelo.

Le toca sin embargo el primero con 48 equipos y organizado entre tres países -México, Estados Unidos y Canadá-, algo que no le parece "muy buena idea".

"A lo mejor el partido o la selección que tú querías ver no te va a tocar en tu país", apunta. Es el caso de Francia, su gran favorito, que jugará en ciudades estadounidenses.

Futbolista de ligas menores desde los seis años, Emilio admite que le "da envidia" pensar que su padre y su abuelo disfrutaron de partidos mundialistas en la cancha.

"Me siento un poco mal, frustrado de no poder asistir al Mundial", añade.

Reunidos alrededor de la mesa familiar, los tres exhiben sus tesoros de fanáticos: álbumes Panini, desde México 1986 hasta Catar 2022, camisetas y memorabilia de sus equipos y jugadores favoritos.

Y aunque cautelosos sobre las posibilidades del equipo mexicano, todos llevan puesta la camiseta del Tri, mientras el entusiasmo va in crescendo.

"Todavía espero por ahí tener el golpe de suerte de a lo mejor poder conseguir alguna entrada en un buen precio, e ir con mi papá, con mi hijo, con mi hermano", afirma Jairo.

Confiesa que incluso pensó en viajar a Estados Unidos con la esperanza de que la mayor oferta allí le permitiese acceder a una cancha.

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