La nueva vida de 'chalecos amarillos' gravemente heridos en las protestas en Francia

Chalecos amarillos se lanzan a la calle en el décimotercer sábado de protestaC
Chalecos amarillos se lanzan a la calle / EFE
Afp
04 de abril 2019 - 09:45

Vidas truncadas, incomprensión y rabia. Durante dos meses, la AFP recabó testimonios de personas que sufrieron heridas oculares graves o perdieron un ojo durante las manifestaciones de los "chalecos amarillos" en Francia.

Las autoridades investigan más de 200 casos de presunta violencia policial desde el inicio de las protestas antigubernamentales el 17 de noviembre. "Si se cometieron errores, habrá sanciones", prometió el ministro del Interior, Christophe Castaner.

El ministro admite que hubo "errores marginales" por parte de la policía, pero recordó también que 1.628 agentes fueron heridos en los últimos cinco meses.

La policía ha sido criticada por manifestantes, partidos políticos y defensores de las libertades públicas por el uso de balas de goma, causantes de la mayoría de las heridas.

Patrick: 'Digerir la pérdida'

"Una angustia permanente" inunda a Patrick Galliand desde el 24 de noviembre, cuando perdió un ojo en una manifestación parisina.

Primero vino la "consternación", después la ira contra "la policía y los políticos" y, finalmente, una "fase de reflexión" para "digerir" esta pérdida y la conmoción que implica, cuenta este hombre de 59 años.

Ese día, este vendedor que vive en las afueras de París, fue a la capital junto a unos amigos para "expresar su descontento" con la política del gobierno. Al inicio, el ambiente era festivo, pero poco a poco se tornó violento. "Escuché una fuerte explosión y recibí como un golpe en la cabeza", cuenta.

"Tengo una prótesis que está muy bien hecha pero mi mirada se queda fija. Todas las mañanas, cuando me afeito, tengo que verme al espejo, tengo que admitir que esta es mi nueva apariencia", dice.

Alexandre: 'Vida arruinada'

La vida de Alexandre Frey, de 37 años, quedó "arruinada" desde que recibió una bala de goma el 8 de diciembre en París, que hizo que le "estallara" el ojo derecho.

Oriundo de un pueblo del norte de Francia, Frey ahora sigue las protestas frente a su televisor, entre dos operaciones del rostro. Inquieto por su futuro, se adapta poco a poco "a (su) nueva vida".

"Caminar ya no es lo mismo, conducir o ir a la piscina, ya ni siquiera pienso en ello", dice. Para él, nada volverá a ser lo mismo. "Pueden darme todos las indemnizaciones del mundo, tomaron una parte de mí, lo que me ocurrió quedará marcado en mi rostro para siempre".

Cuando el cirujano le dijo que había perdido un ojo "lloré, como cualquier otro hombre lo hubiera hecho".

Vanessa: 'Ya no soy quien era'

Vanessa Langard salió a manifestar en París el 15 de diciembre, indignada por la situación de su abuela, que vive precariamente.

Ella y sus amigos habían visto las imágenes violentas de las protestas precedentes. "Nuestra prioridad era tener cuidado" pero la situación degeneró y "los policías comenzaron a disparar balas de goma".

"Mi mejor amiga escuchó un '¡Pum!' '¡Pum!". Se dio la vuelta y me vio tendida en el suelo, pensó que estaba muerta". Tuvo que ser sometida a dos operaciones, una para su hemorragia craneal y otra para colocarle tres placas de metal sobre el ojo.

"Tengo la impresión de ya no ser quien era. Antes me encantaba ponerme bonita, ahora ya no puedo ni maquillarme", cuenta esta rubia de 35 años.

Exteriormente, en su rostro solo se ve una cicatriz sobre el ojo izquierdo. Pero éste ya casi no funciona.

Patrice: 'Es irreversible'

Patrice Philippe, camionero de 49 años, no pudo trabajar desde que perdió un ojo en París el 8 de diciembre en una manifestación de "chalecos amarillos", la primera a la que participaba.

Cuenta que recibió una bala de goma en el ojo. "Cuando vi la cara de horror de un compañero, me di cuenta de que era grave".

"Es irreversible, no volveré a ver con ese ojo, no es operable", explica este hijo de un expolicía, que presentó una denuncia ante las autoridades.

Cuatro meses después, se siente "relativamente fuerte psicológicamente" y "combativo". "No puedo caer en depresión, debo mantenerme fuerte. Tengo una hija de 14 años y obligaciones", explica.

¿Y su futuro profesional? "Seguramente ahora me dirigirán hacia una estructura de discapacitados", suspira.

Gwendal: 'Sentí como un puñetazo'

"Vi como un flash, una explosión violenta, sentí como un puñetazo" en el rostro. El sábado 19 de enero, Gwendal Leroy, de 27 años, perdió su ojo izquierdo en una manifestación en Rennes (noroeste).

"Aún no sé si estoy plenamente consciente de que es algo definitivo. Tengo 27 años, imaginate que viva hasta los 80 u 85... No logro decirme: 'Así será el resto de mi vida'", afirma.

Asegura seguirse "determinado" a luchar aunque ya no en las calles. "Es por eso que considero que me quitaron mi derecho a manifestar".

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