Lula visita a Trump para despejar nubarrones en plena campaña de reelección

Estados Unidos y Brasil firmaron en abril un acuerdo para combatir el tráfico de armas y drogas, que incluye intercambio de datos y revisiones con rayos X a contenedores enviados desde territorio estadounidense hacia Brasil.

Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva / AFP
AFP
07 2026 - 08:04

En plena campaña de reelección, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva busca despejar nubarrones con Estados Unidos mediante una visita al presidente Donald Trump, con quien mantiene una relación marcada por altibajos.

Ambos mandatarios se reunirán a partir de las 11:00 a.m. (15:00 GMT) y posteriormente compartirán un almuerzo oficial.

La Casa Blanca ha manejado el encuentro con bajo perfil y no contempla una rueda de prensa conjunta, como ocurrió hace tres meses durante la visita del presidente colombiano Gustavo Petro, otro líder latinoamericano que ha protagonizado choques verbales con Trump.

Más allá de las diferencias ideológicas, ambos países mantienen importantes intereses comerciales.

Brasil logró resistir parcialmente la ofensiva arancelaria impulsada por Trump el año pasado, hasta que Washington decidió levantar parte de esas tarifas debido a presiones inflacionarias en productos como el café y la carne de res.

Estados Unidos también ha mostrado interés en los yacimientos brasileños de tierras raras, mientras que la fabricante aeronáutica brasileña Embraer busca mantener libre de restricciones arancelarias uno de sus principales mercados: Estados Unidos.

Lula y Trump, de 80 y 79 años respectivamente, comparten un estilo político directo y personalista. Ese perfil facilitó que coincidieran en la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado y acordaran reunirse cara a cara para aclarar diferencias.

Sin embargo, la agresiva política exterior estadounidense, tanto dentro como fuera de América Latina, genera preocupación en Brasilia.

La reunión en la Casa Blanca fue negociada durante semanas y se produce en medio de hechos internacionales de alto impacto, como el derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro y la guerra contra Irán.

“Trump no tiene derecho a levantarse por la mañana y amenazar a un país”, declaró Lula recientemente en una entrevista.

Pese a ello, el mandatario brasileño condenó el reciente intento de atentado contra Trump y rechazó la violencia política.

Año electoral complicado

Lula enfrenta una campaña de reelección compleja, marcada por el fortalecimiento de la oposición conservadora y varias derrotas legislativas en el Congreso brasileño.

Además, algunas encuestas lo muestran empatado de cara a octubre con el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro.

Trump nunca ha ocultado su simpatía por Bolsonaro, quien fue condenado y encarcelado en Brasil, y ha expresado públicamente su respaldo a Flávio Bolsonaro.

Otro de los hijos del exmandatario, Eduardo Bolsonaro, se trasladó el año pasado a Estados Unidos para hacer cabildeo a favor de su padre y mantiene contactos frecuentes con la administración Trump.

Lucha contra el crimen

El ministro de Hacienda de Brasil, Darío Durigan, quien forma parte de la delegación oficial, señaló el miércoles que Brasil busca ampliar la cooperación bilateral en la lucha contra los cárteles del narcotráfico.

Estados Unidos y Brasil firmaron en abril un acuerdo para combatir el tráfico de armas y drogas, que incluye intercambio de datos y revisiones con rayos X a contenedores enviados desde territorio estadounidense hacia Brasil.

Trump ha convertido la lucha contra el llamado “narcoterrorismo” en una de las prioridades de su segundo mandato y designó a grandes cárteles como organizaciones terroristas extranjeras.

Lula podría utilizar ese tema como un punto de acercamiento con Trump, aunque persiste otro foco de tensión: la posibilidad de que Washington clasifique como terroristas a las dos principales organizaciones criminales de Brasil, el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital.

La eventual decisión genera molestia dentro del gobierno brasileño debido a las implicaciones jurídicas y de soberanía que tendría aplicar legislación antiterrorista a grupos criminales locales.

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