Ghana vs Panamá
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En la República Democrática del Congo, en medio de una grave epidemia de ébola, el fervor por la selección nacional de fútbol, que este miércoles disputó su primer partido en una Copa del Mundo en 52 años, logró, por un instante, alejar el temor a la enfermedad.
En su debut mundialista, los Leopardos empataron 1-1 ante Portugal en Houston, Texas. La última vez que el equipo congoleño había clasificado a un Mundial fue en 1974, cuando el país aún se llamaba Zaire y se encontraba bajo la dictadura de Mobutu Sese Seko.
Al caer la noche en el centro de Bunia, capital de la provincia de Ituri (noreste), una multitud se congregó frente a una modesta televisión instalada en la calle.
Sobre una parrilla donde asaba brochetas para vender, el propietario de un pequeño puesto colocó una pantalla para que los vecinos pudieran seguir el encuentro.
Al inicio del partido predominaba el silencio. ¿Era la tensión por el encuentro, en el que Portugal anotó en los primeros cinco minutos, o el cansancio acumulado tras semanas marcadas por el miedo al ébola?
“Necesitamos momentos que nos den un poco de alegría y nos permitan olvidar, aunque sea por un instante, la pérdida de nuestros hermanos y hermanas”, dijo a AFP Héritier Kimbimbi, un aficionado que llevaba la bandera congoleña sobre los hombros.
Ituri, una remota provincia del noreste del país, se encuentra en el epicentro de la decimoséptima epidemia de ébola, declarada el pasado 15 de mayo. El virus ha contagiado a 837 personas y provocado 196 muertes, según el más reciente balance oficial.
Solo en Bunia se han confirmado 215 casos, mientras que la capacidad de diagnóstico sigue siendo limitada. Científicos y autoridades sanitarias internacionales reconocen que la verdadera magnitud de la crisis aún es incierta.
Sin embargo, durante los 90 minutos del partido, una parte de los casi 100 millones de congoleños logró apartar la atención de la epidemia, los conflictos armados en el este del país y la violencia de grupos insurgentes.
“Tenemos esperanza”, afirmó Nathanaël Amuli. Tras el empate entre Cabo Verde y España el lunes, muchos aficionados comenzaron a ilusionarse con una posible hazaña de los Leopardos.
En Bunia, sin embargo, la emoción estuvo a punto de verse opacada por el malestar ciudadano.
Horas antes del encuentro, un centenar de jóvenes se reunió frente a una pantalla gigante en el centro de la ciudad, con los rostros pintados y camisetas de la selección nacional. Sin embargo, la transmisión fue cancelada debido a la prohibición de reuniones de más de 50 personas, una medida adoptada a finales de mayo para contener la propagación del ébola.
“Todos los días nos muestran anuncios sobre el ébola, pero para el partido apagan la pantalla gigante”, protestó Héritier Dubo, residente de Bunia.
“Estoy enfadado. Muchos de nosotros no tenemos televisión ni suscripciones, y además los problemas de electricidad continúan”, agregó Claude Maniwa, taxista de la ciudad.
“Las autoridades nos engañan”, afirmó, aunque finalmente la tensión disminuyó cuando los jóvenes comenzaron a desplazarse hacia bares, restaurantes y pequeños comercios para seguir el partido.
En otro establecimiento, Antoinette Makasi celebraba haber encontrado una televisión encendida.
“Es un honor apoyar a mi país”, dijo. Aunque reconoció los riesgos sanitarios, restó importancia al distanciamiento social y aseguró: “Cuando llegue a casa, me aseguraré de desinfectarme”.
Poco antes del descanso, el bar entero se puso de pie y estalló en gritos. En las calles, la euforia iluminó los rostros de los aficionados. Jóvenes saltaban con los brazos en alto.
La razón era histórica: la República Democrática del Congo acababa de marcar su primer gol en una Copa del Mundo.