Jenna Ortega deslumbra con un vestido de acero que conecta la alta costura con la tecnología
En una industria que suele asociar innovación con automatización, su vestido propone una paradoja: imaginar el futuro con materiales duros y referencias tecnológicas, pero depender de las manos y la experiencia de quienes lo construyen.
Jenna Ortega sorprendió en Nueva York al presentar su nueva película, Klara y el sol, con una pieza de acero. La actriz lució un vestido elaborado casi por completo con varillas de acero, una propuesta del diseñador Elias Matsoque convirtió la alfombra roja en una muestra del diálogo entre la moda, la tecnología y la artesanía humana.
La pieza, de corpiño ajustado, bustier con forma de W y falda de flecos, estaba construida con ballenas planas y espirales de acero cortadas a mano. Estos componentes suelen utilizarse en la estructura interna de corsés o miriñaques, pero Matso los transformó en un vestido escultórico que parecía abrazar el cuerpo de Ortega. El resultado combinaba una silueta marcada con tiras metálicas que colgaban y se movían al caminar.
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Ortega eligió el diseño para el estreno en Nueva York de Klara y el sol, adaptación de la novela homónima publicada en 2021 por Kazuo Ishiguro. En la película interpreta a Klara, una robot solar conocida como “Amiga Artificial”, personaje que observa el mundo humano y busca acompañar a una adolescente. La conexión entre el vestuario y la historia fue intencional. “Ha estado guardando este vestido para mí y es perfecto”, dijo Ortega a la revista People sobre la creación de Matso. “Encaja muy bien con la película”, añadió.
La elección de un vestido con apariencia industrial se suma a la relación entre la moda y la imaginación tecnológica. En 1995, Thierry Mugler presentó su diseño Machinemensch, inspirado en el robot de la película Metrópolis, de Fritz Lang, estrenada en 1927. La pieza volvió a captar atención cuando Zendaya la recuperó. En 2024, la colección de alta costura de Schiaparelli incorporó residuos tecnológicos de los años 2000, como placas de circuitos y teléfonos Nokia. Su director creativo, Daniel Roseberry, describió aquellos elementos como “tejidos vintage”.
Otra referencia ocurrió en el desfile de primavera de 1999 de Alexander McQueen, cuando brazos robóticos utilizados para pintar automóviles rociaron con pintura el vestido blanco de la modelo Shalom Harlow hasta transformar su apariencia. Estos ejemplos muestran cómo los diseñadores han recurrido a máquinas y materiales industriales para cuestionar las fronteras entre ropa, escultura y espectáculo.
Hoy, el vínculo entre moda y tecnología tiene una dimensión cotidiana. Meta se ha asociado con Kylie Jenner y Ray-Ban para dar atractivo estético a sus gafas con inteligencia artificial. Mientras tanto, los robots humanoides de Unitree Robotics se volvieron virales al bailar en Vogue World, celebrado este verano en Milán. Algunos diseñadores presentes reaccionaron con incomodidad. A principios de octubre, en la Semana de la Moda de Shanghái, los robots desfilaron con vestidos de novia de la marca china The Atelier.
Para resultar atractiva y no inquietante, la moda tecnológica necesita un componente humano. Las propuestas que dejan huella no dependen solo de máquinas futuristas: suelen reutilizar objetos obsoletos o trasladar herramientas industriales a un contexto creativo. En el caso de Matso, el acero evoca el interior de una placa electrónica, pero es un material utilizado en la confección y estructura de prendas.
El diseñador destacó el esfuerzo requerido para elaborar el vestido y mencionó “muchas ampollas, reconstrucciones, intentos fallidos” y la “ayuda recibida”. Ortega puso el foco en el trabajo manual que permitió completar la pieza. “Está hecho a mano, por seres humanos; requiere un gran esfuerzo”, afirmó.