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Una planta en Islandia quiere demostrar la validez de las técnicas de captación de CO2

Planta ambiental Clime works
Planta ambiental Climeworks / AFP
AFP
10 de mayo 2024 - 06:46

En las volcánicas tierras islandesas, la empresa emergente suiza Climeworks puso en marcha la planta de captación de CO2 Mammoth, la más grande del mundo en este campo, con capacidad para atrapar 36.000 toneladas de este gas contaminante.

Firma pionera en este sector, Climeworks quiere demostrar la utilidad en la lucha contra el cambio climático de las técnicas de eliminación del CO2, por ahora minoritarias debido a su coste elevado y la necesidad de energía renovable para desplegarlas a gran escala.

Su nueva planta, equipada con 72 contenedores de ventiladores, se sitúa encima de un volcán durmiente y a unos 50 kilómetros de otro en erupción.

Pero el valle de lava solidificada permite la producción de energía en la central geotérmica de Hellisheidi que alimenta los ventiladores de la planta Mammoth y su hermana pequeña, Orca. 

Esta electricidad permite también calentar los filtros químicos en el interior de estos ventiladores para extraer el CO2 gracias al vapor de agua.

El dióxido de carbono, principal responsable del calentamiento climático, es separado del vapor y comprimido en un hangar donde se entrecruzan enormes tuberías.

Finalmente es disuelto en agua, bombeada al subsuelo y reusada al máximo gracias a una "especie de máquina de soda gigante", explica Bergur Sigfusson, responsable de la sociedad Carbfix que ha desarrollado el procedimiento.

Un pozo cavado bajo una pequeña cúpula futurista permite inyectar a 700 metros de profundidad esta agua que, en contacto con el basalto volcánico que constituye alrededor del 90% del subsuelo islandés, hará reacción con el magnesio, el calcio y el hierro contenidos en la roca para crear cristales que serán verdaderas reservas sólidas de CO2.

Para alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2050, "hará falta retirar entre 6.000 y 16.000 millones de toneladas de CO2 del aire cada año, gran parte de ellas gracias a soluciones tecnológicas", declaró el miércoles Jan Wurzbacher, cofundador y codirigente de Climeworks en la puesta en marcha de los primeros 12 ventiladores de Mammoth.

"No sólo nosotros, otras empresas deben participar", añadió el responsable, que fija para su firma de 520 empleados el objetivo de llegar a millones de toneladas en 2030 y acercarse a los mil millones en 2050.

Estrategia de expansión internacional

Tres años después de la apertura de Orca, Climeworks pasará de 4.000 a 40.000 toneladas de CO2 capturadas cuando Mammoth funcione a toda capacidad, una cantidad ínfima comparable a lo que se emite en el mundo en apenas unos segundos.

El panel de expertos climáticos de la ONU consideran que estas técnicas de eliminación del CO2 serán necesarias para cumplir con los compromisos del Acuerdo de París, pero sitúan la prioridad en reducir las emisiones masivamente.

Climeworks es pionera en el sector con las dos primeras fábricas del mundo en superar la fase piloto. Operan con un coste de unos 1.000 dólares por tonelada captada, pero Wurzbacher espera reducirlo a 300 dólares en 2030.

De aquí a 2030 se espera la puesta en marcha de una veintena de nuevas infraestructuras, desarrolladas por distintos actores, con capacidad de eliminar una decena de millones de toneladas.

"Nos harán falta 10.000 millones de dólares en la próxima década para desplegarnos" a Estados Unidos, Canadá, Noruega, Omán o Kenia, afirma a la AFP Christoph Gebald, fundador y codirigente de Climeworks.

Créditos de carbono

"Nuestra primera fábrica Orca tiene aspecto de una construcción de Lego en comparación con Mammoth", bromea Jan Wurzbacher.

Precisamente, la famosa empresa juguetera danesa ha comprado créditos de carbono generados por Climeworks por cada tonelada de CO2 almacenada.

Es un medio para dar a conocer estas soluciones al gran público, defiende Gebald, que no descarta vender estos créditos a "grandes contaminantes".

Los detractores de estas tecnologías apuntan al riesgo de dar de este modo "permiso para continuar" o de emplear miles de millones de dólares que podrían invertirse en tecnologías más accesibles como las renovables, la electrificación del transporte o el aislamiento de los hogares.

Climeworks asegura que su trabajo va dirigido a las emisiones inevitables incluso una vez se lleva a cabo una reducción.

Sofia Kabbej, investigadora del clima en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, señala que estas técnicas implican "también un aumento de la presión sobre el agua", que sirve como diluyente del CO2.

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