Millones de afganos pasan hambre con la llegada del invierno

Afganistán

Afganos pasan hambre por la llegada del invierno.
Afganos pasan hambre por la llegada del invierno. / AFP
AFP
18 de enero 2024 - 06:44

Pol-e Alam, Afganistán/Khurma tuvo que pedir prestados los zapatos de su vecina para ir a buscar a Pol-e Alam una modesta ayuda que permite a los afganos vulnerables sobrevivir los rigores del invierno.

Con un gastado burka azul, esta viuda de 45 años y madre de seis hijos espera recibir 3.200 afganis (44 dólares) del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la capital de la provincia oriental de Logar, donde el termómetro puede caer a -18 ºC en invierno.

"Estamos necesitados", explica a la AFP. "Cuando no encontramos pan, nos acostamos con el estómago vacío".

"A medida que se acercaba el invierno, la situación ya era catastrófica" en Afganistán, dice Caroline Gluck, portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). "Pero ahora tenemos dos emergencias enormes", añade.

Desde que tres sismos destruyeron o dejaron inhabitables en octubre 31.000 hogares en Herat, en el oeste del país, decenas de miles de personas duermen en tiendas.

Además, medio millón de afganos perseguidos en Pakistán volvieron "en el peor momento del año" a un país con una economía anémica, sometida a sanciones internacionales.

Uno de ellos es Rabbani, de 32 años.

Como refugiado, tiene derecho a una ayuda en especies del PMA: 50 kilos de harina, seis kilos de frijoles rojos, cinco litros de aceite y una libra de sal para su familia de siete personas.

Pero "aquí no hay trabajo", se lamenta.

"Urgencia alimentaria"

Shakar Gul, una mujer de 67 años con un velo blanco, acaba de recibir sus 3.200 afganis, el primero de los seis desembolsos mensuales previstos.

"Nosotros, los adultos, si no tenemos suficiente para comer durante varios días, está bien, pero no dejamos a nuestros niños morir de hambre", explica.

Con ese dinero ha podido comprar "un saco de harina, cinco litros de aceite, té y azúcar" que deben durarle unos 15 días.

"La gente excluida (de estas donaciones) viene de todos modos a esperar aquí, sobre todo las mujeres. Están enfadadas, pero les explicamos que hay gente todavía más desprovista", explica el responsable del centro, Baryalai Hakimi.

La acumulación de crisis en el planeta hundió las donaciones para Afganistán. En diciembre, el llamado de la ONU para recaudar 3.200 millones de dólares para el país solo llegó al 40% de su objetivo.

"Es terrible. Hay gente que no tiene nada", dice Hakimi.

A sus 40 años, Bibi Raihana se encuentra con ocho hijos, un marido encarcelado, problemas de salud, unas sandalias de plástico y "ni un solo afgani en el bolsillo".

A través de la rejilla de tela de su burka, se pueden ver sus lágrimas. "Mi nombre no estaba en las listas. No me han dado nada", se lamenta.

"Este invierno, 15,8 millones de afganos necesitan asistencia y 2,8 millones están en urgencia alimentaria", dice Philippe Kropf, portavoz del PMA.

Sin embargo, solamente podrán atender a seis millones por la falta de donaciones.

"Diez millones de personas deberán sobrevivir sin asistencia", dice.

La extrema pobreza no distingue entre zonas rurales y urbanas en este país desangrado por cuatro décadas de conflictos y muy afectado por el cambio climático.

"Realmente pobres"

Los más necesitados reducen progresivamente sus porciones, se saltan algunas comidas, los adultos ceden su parte a los niños, se endeudan con vecinos o sacan a los menores de la escuela para que trabajen.

En los casos extremos llegan a vender a sus hijos.

Allaudin, de la provincia de Badghís, explicó al PMA que vendió a su hija pequeña para comprar 60 kilos de semillas de trigo. Pero la sequía impidió que pudiera recolectar nada.

A una hora por carretera de Pol-e Alam, en medio del desierto polvoriento, el PMA, que aporta un 90% de la ayuda alimentaria en Afganistán, distribuye harina, aceite y lentejas en el distrito de Baraki Barak.

Lambat espera su parte. "Somos realmente pobres. Miren mi ropa", dice este afgano de 40 años mostrando su raída túnica gris.

Sentado en un triciclo entre sacos de harina, Zulfiqar, de 77 años, explica que su familia a veces no tiene nada para comer durante dos o tres días.

"Cuando ya no queda nada, nos envolvemos en un chal y dormimos", dice el hombre desdentado.

"Intentamos sobrevivir"

El gobierno talibán no ofrece ayudas a los más necesitados, pero sí un modesto monto en la frontera con Pakistán a los afganos que vuelven al país.

Muchos de estos refugiados terminan buscando ayuda de ACNUR en los pobres suburbios de Kabul. En el mejor de los casos, reciben 375 dólares por persona, pero normalmente mucho menos porque necesitan presentar papeles en regla.

Najiba, que pasó toda su vida en Pakistán, eseña a la AFP la choza donde su hermano la alberga junto a su marido y sus tres hijos. Viven en un solo espacio y duermen en el suelo.

"Intentamos sobrevivir", dice acunando a su recién nacido frente a sus otros niños, que van descalzos a pesar del frío.

Benazira, con ocho hijas, un hijo y un marido enfermo, sostiene en la mano los 340 dólares que ha recibido de ACNUR. Nunca había visto esos billetes verdes.

La familia volverá con ese dinero hacia la provincia de Nangarhar, en el este, donde duermen en un aserradero con todas las ventanas rotas. 

"No puedo ni siquiera imaginar cómo pasaremos el invierno", dice la mujer de 34 años. "Solo Dios está con nosotros".

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