Tragedia del bus 8B-06| 20 años después: sobrevivir, recordar y seguir reclamando un transporte seguro

Este 23 de octubre se cumplen 20 años del incendio del bus 8B-06, en el que fallecieron 18 personas, entre ellas dos niños.

A 20 años de la tragedia del Bus 8B-06 / TVN Noticias

Ciudad de Panamá, Panamá/Luis Contreras lleva 19 años en su empleo. Lo cuenta al repasar cómo ha seguido adelante desde aquella tarde en que un viaje en autobús cambió su vida. Habla de su empleo, de los procesos judiciales y de las dificultades que todavía enfrentan quienes dependen del transporte público.

Han pasado dos décadas, pero sus reclamos siguen ligados al mismo derecho: llegar a salvo al destino.

“Para mí estos 20 años me han servido como experiencia”, expresó.

Este 23 de octubre se cumplen 20 años del incendio del bus 8B-06, de la ruta Mano de Piedra–Corredor Norte, en la avenida Martín Sosa, en La Cresta. Murieron 18 personas, entre ellas dos niños. Otros 26 pasajeros sobrevivieron con lesiones y huellas emocionales que los acompañarían durante años.

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Para Contreras, sobrevivir implicó enfrentar quemaduras en el 68% del cuerpo y someterse a intervenciones en salones de operaciones en Estados Unidos, según documentó. A la recuperación física se sumó una búsqueda de reparación que lo llevó, junto con otras víctimas, a recurrir a abogados y tribunales fuera de Panamá.

“Ya yo cumplí 19 años trabajando en el Ministerio de la Presidencia”, dice en su testimonio actual. “Y ahí estamos, como quien dice, ¿no? Echando para adelante”. Ese fue un compromiso tácito de Estado, la víctima de un sistema de transporte público disfuncional e ineficiente, cuyo evento causó una grave discapacidad, se había quedado, en ese momento, sin sustento.

Aquel lunes de 2006, los pasajeros tenían motivos cotidianos para subir al autobús. Contreras había salido a comprar un dulce para el cumpleaños de su esposa. Al volver sobre lo ocurrido, recuerda un sistema de transporte que, a su juicio, ya estaba desfasado y unas autoridades que no actuaron a tiempo.

Estábamos secuestrados por un transporte público ya desfasado en donde las autoridades no hacían nada. No se hizo nada en su momento”, sostiene.

Los cambios y las necesidades que permanecen

De forma contradictoria, el bus 8-B06 formaba de una recién renovada flota de buses como parte del plan de modernización del sistema de transporte público, gestionado por el gobierno de la entonces presidenta de la República, Mireya Moscoso.

El Banco Nacional dispuso un fondo de $30 millones para la adquisición de "buses nuevos" que operaban en manos privadas, en la que cada transportista era dueño de sus propios vehículos. De este montó se desembolsaron $24 millones para la financiar a los transportistas la compra de los buses, entre eso el 8B-06.

Después del incendio se genró una investigación, además del accidente, por delitos de corrupción. El entonces gerente del Banco Nacional, Bolívar Pariente fue investigado en este proceso.

Y mientras esto ocurria en la esfera judicial, llegaban propuestas para transformar el transporte con la incorporación de un sistema, ahora en manos del Estado. Esto marcó el fin de la era de los "diablos rojos", creándose lo que ahora conocemos como la empresa estatal "MiBus".

Para Contreras, a 20 años de la tragedia, el servicio actual tampoco responde a las necesidades de los pasajeros.

“Ya uno va todo incómodo, o sea, ya se requiere de más regularidad en el transporte público”, expresa.

Su relato pasa de los recuerdos de 2006 a las dificultades de quienes hoy esperan un autobús. Habla de unidades en las que entra el agua cuando llueve, de comunidades sin cobertura de metrobús y de usuarios que deben destinar más dinero para movilizarse.

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Menciona sectores del norte y este de la capital, entre ellos Tocumen, donde asegura que persisten problemas de transporte. También cuestiona la permanencia de los "buses piratas" y los cobros que, según su testimonio, algunos conductores aumentan después de determinadas horas.

“Ya después de cierta hora ya no hay transporte. Ya el usuario tiene muchas quejas”, afirma.

Para él, la evaluación de estas dos décadas pasa por la experiencia diaria de las personas que necesitan llegar a sus trabajos o regresar a sus hogares.

Él sobrevivió a aquel viaje y continúa contando lo ocurrido, mientras reclama que la seguridad y el trato digno formen parte del servicio cotidiano.

“En realidad, lo que estamos perdiendo en estas cuestiones somos los usuarios, las personas que tenemos que coger bus a diario".

La búsqueda de reparación

Al hablar de lo que vino después del incendio, Contreras también vuelve a los procesos judiciales. Según relata, las demandas que promovieron en Panamá no prosperaron y el Estado rechazó su responsabilidad por tratarse de un autobús privado.

Cuenta que, con el acompañamiento de los abogados, acudieron a Estados Unidos para continuar el reclamo.

Con los mismos documentos que peleamos aquí en Panamá, en la Corte Suprema, ganamos en Estados Unidos. Qué irónico, ¿no?”, manifiesta.

De acuerdo con su testimonio, 11 de las 14 familias que demandaron en ese país recibieron una indemnización. Contreras contrasta ese resultado con la respuesta que asegura haber encontrado en Panamá. “O sea, se murieron 18 personas, inclusive niños, y el Estado no se hizo responsable de nada”, reclama.

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