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El Jubileo

Imagen de la Reina Isabel II
Imagen de la Reina Isabel II / Internet
Andrés Laguna
03 de junio 2021 - 11:17

El Reino Unido anunció la preparación de un fin de semana rebosante de festividades para conmemorar un hito en la historia de las monarquías europeas: el Jubileo de Platino. El próximo año, Eizabeth II alcanzará los 70 años en el trono de Inglaterra, siendo la soberana con el reinado más extenso y superando a sus predecesores y a homólogos de otras naciones.

Con la proliferación del sentimiento republicano en el Siglo XX, el arribo del Internet y el auge de los populismos regionalistas, no son pocas las facciones que se oponen al sistema de monarquías. El Partido Verde de Inglaterra y Gales, así como el Sinn Féin en Irlanda del Norte defienden posturas republicanas.

No ayudan al caso de la monarquía los escándalos en los que se han visto involucradas figuras de la Familia Real, desde el divorcio de los Príncipes de Gales a finales de los 90, hasta las recientes declaraciones de los Duques de Sussex a Oprah.

Sin embargo, a pesar de las fuerzas políticas y los discursos antimonárquicos, la Casa de Windsor goza de un alto grado de aceptación y popularidad. Una encuesta reciente de YouGov encontró que un 61% de la población del Reino Unido tiene actitudes positivas hacia la monarquía.

Incluso en Escocia, que ha coqueteado con sus propias iniciativas independentistas, solo 39% de sus habitantes consideran que debe crearse una república y deshacerse de la monarquía, según una encuesta de Sky News.

Cuando vemos el desglose de los datos, la Reina es la mejor recibida de la Familia Real con un 69% de popularidad. Por un siglo estrepitoso de guerras frías y no tan frías, independencias, escándalos y tecnología, la tradición y estabilidad que su figura representa es la única constante que ha tenido el Reino Unido y una de las pocas que ha tenido el mundo entero.

Con la inmediatez que demandan las economías del mundo, estamos restando mérito y deliberadamente abandonando esos símbolos de constancia, historia y belleza que dotan de significado a la humanidad y al futuro en construcción.

En nombre de la modernidad y la innovación sacrificamos la trova de tradiciones y costumbres que nos han llevado hasta donde estamos. El desamparo de la tradición es el pecado de deshumanización más grande.

Más allá de la estabilidad territorial doméstica que mantienen las instituciones monárquicas, cumplen con la función tan milenaria, tan humana, y por lo tanto fundamental de preservar los rituales. Si bien son imperfectas y falibles, son custodias de eso que muchos quieren desechar.

Lo vemos en distintas latitudes y en todos los dominios culturales. Notorios y tristes los esfuerzos en desvirtuar y restarle validez a una institución tan clave para los hispanos como lo es la Real Academia Española bajo pretextos de progresismos malentendidos, por ejemplo.

Claramente los rituales y las ceremonias monárquicas son ocasiones de pompa y extravagancia. No son las observaciones ritualisticas modestas por las que abogaba Confucio. Pero sí comparten los mismos principios: la repetición y la capacidad de, por un instante, ser alguien más para aprender de nosotros mismos y ser mejor con quienes nos rodean.

‘Lilibeth’, como le dicen sus más cercanos allegados, es uno de los símbolos restantes que merecen ser celebrados por todo lo que representan y por las funciones que cumplen. Sus 70 años de servicio son motivo de júbilo.

El reto de la monarquía es continuar esta labor y menguar las amenazas políticas. Quizás la naturaleza tan personalista de la monarquía y el hecho de que el trabajo ha recaído casi enteramente en los hombros de Elizabeth, puede dificultar la tarea.

El heredero aparente, el Príncipe Carlos, tiene una popularidad del 40%, muy por debajo de eIla. El Palacio de Buckingham, por tanto, tiene que trabajar las percepciones sobre el futuro Rey porque, como hemos establecido, el ethos de quien ocupa el trono es clave para preservar la estabilidad y la tradición.