En nombre de la libertad de culto, los rastafaris kenianos esperan poder fumar cannabis legalmente
En 2019, la justicia keniana reconoció de facto al rastafarismo como religión al determinar que la expulsión de una estudiante por llevar rastas violaba su libertad religiosa.
Los rastafaris de Kenia esperan que la justicia ponga fin a la prohibición de consumir cannabis, una restricción que consideran una forma de "opresión" contraria a su libertad religiosa.
El próximo 15 de julio, un tribunal keniano decidirá si autoriza el consumo de "ganja" (marihuana) con fines religiosos, como reclama esta comunidad al amparo de la libertad de culto garantizada por la Constitución.
En un pequeño centro de reunión ubicado en un barrio popular de Nairobi, decorado con retratos del emperador etíope Haile Selassie y figuras del panafricanismo, los rastafaris confían en que el fallo marque un antes y un después para su comunidad.
El movimiento rastafari, de carácter espiritual y político, nació en Jamaica durante la década de 1930, tras la coronación de Haile Selassie, a quien sus seguidores consideran el segundo Mesías y el salvador del pueblo negro.
Hoy presente en numerosos países, el rastafarismo se define como místico, panafricanista, anticolonialista y vegetariano. Sus miembros, identificados por sus tradicionales rastas (dreadlocks), sostienen que el consumo de cannabis forma parte de sus prácticas de meditación.
En 2019, la justicia keniana reconoció de facto al rastafarismo como religión al determinar que la expulsión de una estudiante por llevar rastas violaba su libertad religiosa.
Sin embargo, sus seguidores afirman que siguen siendo víctimas de estigmatización, tanto por su apariencia como por el uso de cannabis.
"Luchador por la libertad"
"La gente mira tu cabello, te llama 'rastaman', dice que fumas ganja y te asocia con todo tipo de cosas malas", afirma Moses Mudachi Isavwa, de 50 años.
Como muchos miembros del movimiento, adoptó un nuevo nombre: Ras Masinde. Explica que "Ras" significa "rey" en amárico, mientras que "Masinde" honra a un histórico activista keniano anticolonial y defensor de la democracia.
Se muestra orgulloso de sus rastas, que asocia con los combatientes de la rebelión Mau Mau, quienes enfrentaron al régimen colonial británico en la década de 1950.
Ras Masinde asegura que también se considera un "luchador por la libertad", especialmente en defensa de quienes, afirma, "están siendo perseguidos y pudriéndose en prisión simplemente porque los encontraron con, quizás, un porro de ganja".
Por su parte, Mwendwa Wambua, de 55 años, conocido como Ras Prophet y portavoz de la Asociación Rastafari de Kenia (RSK), sostiene que "fumar hierba forma parte de nuestra cultura. Por eso debemos defenderla".
Ras Prophet, además padre de la estudiante que ganó el histórico caso judicial de 2019, denuncia que la policía realiza registros constantes.
"Los policías entran en tu casa y la registran. Ni siquiera quieren que tengas dos porros para fumar. Pueden llevarte a prisión", asegura.
Esperan un fallo histórico
Ras Masinde afirma que los controles policiales forman parte de su vida cotidiana.
"Cada vez que camino por la calle, un policía me dice: 'Eh, rastaman, detente', y abre mi mochila para comprobar que no lleva cannabis", relata.
Actualmente, la legislación de Kenia castiga la posesión de cannabis para consumo personal con penas de hasta diez años de prisión, además de multas elevadas.
Aunque no existen cifras oficiales sobre el número de rastafaris en el país, Ras Prophet sostiene que el movimiento sigue creciendo, especialmente entre los jóvenes.
A pocos días del fallo judicial, un grupo de fieles se reunió para celebrar el sabbat, su día de culto y descanso, con oraciones, cantos y consumo ritual de cannabis.
El encuentro tuvo lugar en Kibera, considerado el mayor barrio marginal de Kenia, donde también funciona la Fundación Haile Selassie, creada por integrantes del movimiento.
La organización busca alejar a los jóvenes de la delincuencia mediante programas de formación en tejido, elaboración de joyas, fabricación de instrumentos de percusión y enseñanza de la filosofía rastafari.
Los miembros de la comunidad se muestran optimistas sobre el desenlace del proceso judicial, iniciado en 2021, y confían en que una sentencia favorable les permita practicar su religión sin temor a ser perseguidos por las autoridades.