Los clubes de cannabis florecen en Alemania antes de legalización del consumo

Cada miembro del club podrá comprar hasta 25 gramos diarios / Afp
AFP
31 2023 - 07:15

El club cannábico de Hanóver comenzó como una banda marginal de nueve miembros que defendían el derecho a fumar porros legalmente. Pero este tipo de asociaciones son cada vez más habituales en Alemania ante los pasos emprendidos para legalizar el consumo de marihuana en el país.  

A mediados de agosto, el gobierno aprobó un proyecto de ley para legalizar la compra y posesión de cannabis para uso recreativo, a pesar de las fuertes críticas.

Uno de los pilares del proyecto, que todavía debe ser tramitado en el Parlamento, son los llamados "clubes sociales de cannabis".

En el texto provisional, estas asociaciones pueden aceptar hasta 500 miembros y cultivar, bajo control de las autoridades, cannabis para consumo propio a razón de hasta tres plantas por integrante.

Cada miembro del club podrá comprar hasta 25 gramos diarios de la asociación, hasta un total de 50 gramos al mes. Para los miembros de entre 18 y 21 años, el límite se reduce a 30 gramos mensuales.

Sin embargo, los integrantes del club no pueden fumar juntos en sus reuniones.

De todos modos, estos cambios venideros han hecho crecer rápidamente el número de clubes de cannabis en Alemania, que ahora se sitúa en torno a cien.

Las solicitudes para unirse al club de Hanóver, que nació en 2016 como un grupo procannabis que se manifestaba en festivales y mercados navideños, ha explotado.

"En los últimos meses nos han contactado casi 800 personas", dice su fundador Heinrich Wieker, ex ingeniero eléctrico de 58 años.

De momento, el club solo ha aceptado a 57 candidatos.

"Quiero conocerlos. Quiero integrarlos en el equipo y asignarles tareas", dijo a la AFP antes de inaugurar una de las dos reuniones semanales del grupo.

Cuotas de 5 euros

En el encuentro participan siete personas. Ni rastro de porros, ni de humaredas de los fumadores. El espacio luce como cualquier otro lugar de trabajo, con escritorios, ordenadores y una pizarra.

En la agenda de la reunión figuran el cultivo y la prevención de la adicción.

"El domingo fuimos a ver un sitio en Hanóver donde posiblemente podamos cultivar", dice Oliver W., un electricista jubilado de 48 años que no quiere dar su nombre entero.

Una opción es plantar las semillas en cajas especiales de cultivo bajo luces artificiales, dice Wieker, con una coloreada camisa de estilo indonesio y unas sandalias naranjas.

La otra es "tener una gran plantación exterior, que yo personalmente prefiero porque es un método más sostenible", añade.

Además de fundar el club, Wieker, que había trabajado en las industrias farmacéutica, química y automovilística, también creó un negocio de máquinas para cosechar el cannabis.

Actualmente, la afiliación al club cuesta 20 euros (22 dólares) a cada nuevo miembro y después una cuota mensual de 5 euros.

Pero el precio, que ahora cubre principalmente el alquiler del espacio, puede aumentar si se incluye el suministro de la droga.

Wieker considera que lo mejor sería vender el producto por gramos a cada miembro, a un precio de entre 5 y 15 euros (5,5-16,5 dólares) para cubrir el coste de la producción.

Críticas de opositores y doctores

La legalización del cannabis en el país más poblado de la Unión Europea es uno de los proyectos faro de la coalición del socialdemócrata Olaf Scholz, pero también es controvertido.

Su propuesta se ha encontrado fuerte oposición de los políticos conservadores, los doctores y los encargados de aplicar la ley.

El ministro de Salud, Karl Lauterbach, defiende que la regulación acabaría con el mercado negro y los crímenes relacionados con el narcotráfico, aliviaría la carga de trabajo de los agentes de la ley y permitiría un consumo seguro.

Además, el texto incluye matices a la legalización: el uso del cannabis sigue prohibido a los menores de 18 años y cada club debe tener un miembro responsable de combatir la adicción.

En la asociación de Hanóver existe un equipo compuesto por miembros que antes fueron adictos a otras sustancias, como el alcohol o la heroína, para vigilar este tipo de problemas.

"Vigilamos de cerca cualquier consumo problemático", explica su fundador Wieker, que también está en contacto con una asociación que ayuda a los drogadictos.

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