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Cientos de miles de alemanes participan este lunes en todo Alemania en el tradicional carnaval de "Rosenmontag", desfilando junto a caricaturas políticas, como Vladimir Putin o Donald Trump, montadas en carros.
Vestidos con coloridos disfraces, los carnavaleros marchan principalmente por las calles de Düsseldorf (oeste), acompañados de estos carros satíricos, una tradición anual en Alemania.
Entre estas esculturas de papel maché se encuentran las del más famoso de los creadores alemanes, Jacques Tilly, quien es procesado en Rusia por difundir información falsa sobre el ejército ruso y debe ser juzgado en ausencia el 26 de febrero en Moscú.
Entrevistado por AFP en diciembre, calificó los cargos de "ridículos" y prometió reincidir este año con obras que atacan al líder ruso, quien ordenó la invasión de Ucrania hace cuatro años y sofoca toda forma de oposición en Rusia.
"La cultura del debate puede ser polémica, pero eso no se entiende en la Rusia de Putin", señaló Tilly.
André Kuper, presidente del parlamento del land de Renania del Norte Westfalia, donde se encuentra Düsseldorf, expresó el lunes en un comunicado su apoyo al caricaturista.
"El procedimiento penal iniciado en Rusia por difamación debido a sus caricaturas demuestra que solo las democracias garantizan la libertad y el estado de derecho", afirmó.
Entre las numerosas esculturas que desfilaron figura la de un Vladimir Putin vestido con un uniforme militar, que clava una espada en un bufón que lleva un sombrero con la palabra "sátira".
Otra obra muestra al presidente ruso, siempre con uniforme, pilotando un dron con los colores de la Alternativa para Alemania, partido de extrema derecha prorruso que se convirtió en la principal fuerza de oposición del país.
Pero las obras de Tilly, de 62 años, no tienen como único objetivo al jefe del Kremlin. También se encuentra a Donald Trump boxeando con un Jesús vestido con una camiseta que dice "Amor y Humanidad".
Montado sobre un esqueleto de dinosaurio que representa a la industria automotriz alemana en crisis, el canciller alemán Friedrich Merz es inclusive objeto de burla por sus esfuerzos para levantar la prohibición de los vehículos nuevos no eléctricos, que estaba prevista para 2035 en Europa.