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San Miguelito/ La inseguridad ha llegado hasta las puertas de los centros de salud. En el caso del Centro de Salud Amelia Denis de Icaza, en San Miguelito, la situación se tornó crítica el pasado miércoles 13 de mayo, cuando alrededor de las 5:30 de la tarde se escucharon detonaciones de disparos en los alrededores de la instalación.
"Los colaboradores entraron en pánico, obviamente, y cerraron las puertas para que nadie pudiera ni entrar ni salir", relató Yimara Vera, directora del centro, en entrevista con Noticias AM.
Ante el riesgo, la institución tomó una decisión inmediata: suspender la atención médica antes de lo previsto. Aunque el horario extendido —a cargo del personal del Centro de Salud de Veranillo— cubre de 3 a 11 de la noche, desde el incidente se optó por cerrar a las 8 de la noche. "Por seguridad, tanto del paciente como del personal que labora, hemos tomado decisiones de cerrar a las 8 de la noche", explicó Vera.
La directora confirmó que el episodio no fue aislado. "Como una hora después de las primeras detonaciones, ocurrieron otras, y eso nos obligó a cerrar y dejar de atender a los pacientes". Aunque Vera no estuvo presente en el momento, los testimonios del personal describen un escenario de tensión: llamadas a unidades policiales, puertas bloqueadas y pacientes que quedaron sin atención.
La situación refleja una realidad más amplia en San Miguelito. "Sabemos que el municipio ya está como un área roja, y lo hemos vivido en centros de salud que pertenecen a nuestra región, como Valle de Urracá, Torrijos-Carter; recientemente también hubo en horas de la noche detonaciones", señaló Vera.
En cuanto a la respuesta institucional, Vera indicó que sí se cuenta con apoyo policial, aunque no del todo permanente: "Normalmente tenemos un policía —no 24/7 como quisiéramos—, pero sí tenemos unidades policiales acá funcionando y recorriendo las áreas". El llamado desde el centro de salud es claro: reforzar la vigilancia con al menos uno o dos efectivos durante los horarios de atención.
La directora también reconoció que la violencia se ha convertido en parte del cotidiano para los residentes. "Desafortunadamente, esta violencia y esta inseguridad ya casi es el diario vivir de las personas que están en este lugar y, prácticamente, lo han normalizado", manifestó.
Con información de Elizabeth González.