Desiguales
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Panamá/Cuando Joselyne Edwards habla de sus inicios, no hay discursos prefabricados ni frases de superación ensayadas. Habla como alguien que aprendió a pelear mucho antes de entrar a una jaula. Primero contra las carencias, después contra la distancia y finalmente contra un deporte que todavía sigue siendo territorio hostil para muchas mujeres.
La peleadora panameña, hoy ubicada entre las mejores de su categoría en la UFC, recordó en una entrevista Noticias AM cómo el boxeo apareció en su vida cuando apenas tenía 13 años. Venía de una etapa dura marcada por la muerte de su padrastro y por las dificultades económicas que atravesaba su familia.
“Yo veía el boxeo como una oportunidad para ayudar a mi mamá”, contó. En ese momento vivía entre Ciudad Radial y Pacora, y viajar para entrenar era parte de una rutina agotadora: buses, trasbordos y largas jornadas para poder llegar a los gimnasios en Curundú y Chame.
Lo que comenzó como una salida emocional terminó convirtiéndose en una decisión de vida. Mientras otras adolescentes pensaban en actividades extracurriculares, Edwards ya tenía claro que quería pelear profesionalmente. “Si voy a hacer esto, quiero ser campeona”, recordó.
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En Panamá encontró rápidamente un límite. El boxeo femenino tenía pocas oportunidades y el crecimiento parecía estancarse. A los 17 años decidió cambiar de disciplina y entrar al mundo de las artes marciales mixtas. La meta ya no era solamente competir: quería llegar a la UFC.
Edwards relató que viajó a Estados Unidos prácticamente sin dinero. Apenas llevaba unos 100 dólares ahorrados en una tarjeta que, para empeorar la situación, estaba bloqueada. La invitación llegó de un supuesto representante que prometía peleas y oportunidades, aunque luego, según contó, terminó enfrentando problemas contractuales y situaciones complicadas con ese entorno.
“Tuve que salir de Panamá porque aquí no iba a lograr mis sueños”, dijo. Hasta ahora, sigue siendo la primera panameña en llegar a la UFC, algo que menciona con orgullo, aunque también con la esperanza de que otras atletas continúen el camino.
Su historia también desmonta ciertos prejuicios alrededor de las artes marciales mixtas. Edwards reconoce que su madre siempre sintió miedo de verla pelear, pero nunca dejó de apoyarla. Y aunque el deporte suele asociarse con violencia, ella insiste en que la disciplina termina enseñando exactamente lo contrario.
“Yo peleaba mucho en el colegio y cuando entré a las artes marciales me daba pena pelear en la calle”, confesó entre risas. Para ella, entrenar no solo sirve como defensa personal, sino también como una forma de liberar estrés y fortalecer la mente.
Entre sus referentes aparecen nombres inevitables como Roberto Durán y Mike Tyson. Más adelante encontró inspiración en figuras femeninas de las MMA como Holly Holm y Valentina Shevchenko, con quien incluso hoy tiene la oportunidad de entrenar.
Lejos de conformarse con estar entre las mejores, Edwards mantiene intacta la ambición que tenía cuando entrenaba siendo adolescente en Panamá: llegar al número uno del mundo.
Y mientras sigue construyendo su carrera en la UFC, también intenta dejar un mensaje para las niñas que hoy la ven como referencia: disciplina, respeto y enfoque.
Porque detrás de cada golpe que lanza dentro del octágono, hay una historia que empezó mucho antes de las luces, las cámaras y las grandes ligas.