Feria Coimera

Oficinas de Odebrecht
Foto ilustrativa. Oficinas de Odebrecht. / Archivo
Olimpo A. Sáez M.
28 de diciembre 2016 - 06:30

Hace ya algún tiempo atrás, que varios panameños valientes, habían denunciado la existencia de coimas, repartidas entre funcionarios públicos de alto rango y políticos de todos los colores, desde que la firma Odebrecht, aterrizó en Panamá con las bendiciones del Presidente Lula.

Cuando esas denuncias de corrupción se realizaban en algunos medios de comunicación se les llamaba, mentirosos y opositores enfermos de odio y de revancha.

El país y los ciudadanos, asombrados por las megas obras que se construían y por los millares de panameños que se empleaban, guardaban silencio, con un silencio cómplice, que paralizaban a todos, por decir lo menos.

Así los denunciantes pasaron a opositores recalcitrantes. Mientras Odebrecht se metía por todas las rendijas de la sociedad comprando silencio con sus ayudas, comprando sonrisas y complicidades colectivas, el país y los ciudadanos entramos en una vorágine de corrupción, que nunca pensamos hasta donde llegaba sus redes o la gran telaraña, que nos había invadido por complicidad activa o pasiva en estos últimos años.

Esa telaraña invadió a políticos de gobierno y oposición, a periodistas, sindicatos, fundaciones, constructoras, abogados, profesionales y hasta llegar a prometer pagar una estatua de la Virgen María, descomunal, a la entrada del Paseo Amador, que felizmente se canceló.

Ahora, llegó la hora de la vergüenza nacional, si es que los panameños sabemos ese significado.

Ahora, gracias a los fiscales brasileños, a los suizos y gringos, vamos a conocer la verdad.

Ahora veremos si los ciudadanos que nos tildamos de honestos, seremos capaces, de movilizarnos para exigir justicia para todos los panameños.

La plata de las coimas que se repartieron, es plata del pueblo panameño. Es la plata de los sobreprecios de las obras construidas por Odebrecht y de otras empresas que participaron en esta feria coimera.

Ahora veremos, si la Procuraduría General de la República, sus fiscales y si los magistrados, se atreven, como los brasileños, a cortar los hilos de la telaraña de la corrupción.

Ahora veremos, si los ladrones de saco y corbata, con apellidos o sin ellos, los empleados públicos y los empresarios privados, llegan a la cárcel, como llegan y pasan años, los ladrones de gallinas y de ganado o los vendedores de calillas de marihuana o de cocaína a reales.

Ahora estamos frente a la verdad de los fiscales de afuera…Ahora veremos, si los panameños nos emberracamos ante el robo descarado de nuestros dineros.

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