Domingo de Ramos: 'Papachú', 'Borriquita' y 'Puerta de Tierra', las tradiciones que unen fe y cultura en todo el país

Desde el Casco Antiguo hasta el interior del país, la celebración que da inicio a la Semana Santa revela un mosaico de prácticas, simbolismos y participación comunitaria que se transforman sin perder su esencia y fe.

El anda de Jesús en la sagrada entrada en Jerusalén, el cual fue realizado en El Viso del Alcor, Sevilla, España, por el imaginero Ramón Martín. El conjunto escultórico está conformado por Jesús, el burrito, 2 niños hebreos, 2 hebreos y una palmera. A su vez cada figura lleva en sus manos una palma. / Foto cedida por la Oficina del Casco Antiguo.

Ciudad de Panamá, Panamá/A las cinco de la tarde, en las estrechas y adoquinadas calles del Casco Antiguo, un grupo de niños vestidos con túnicas blancas y caperuzas rojas avanza en procesión mientras sostiene en sus manos palmas benditas.

A su paso, el sonido de las bandas musicales acompaña el recorrido de un anda cargada por decenas de fieles, en la que una representación escultórica de Jesucristo simboliza su entrada en Jerusalén.

Horas antes, a cientos de kilómetros en el interior del país, en el área de Parita en la provincia de Herrera, familias enteras han pasado la noche en vela entre cantos, guarapo y rezos, a la espera de la salida de “Papachú”, la representación de Jesús triunfante.

Con el transcurso del tiempo, la escena es distinta, pero igualmente cargada de simbolismo: niñas vestidas con trajes tradicionales esparcen flores de caracucha mientras “Papachú” recorre las calles. El aire se llena de cantos, campanas y el aroma de las flores.

Mientras tanto, en la ciudad de Santiago, en la provincia de Veraguas, desde la madrugada, la comunidad se moviliza para levantar una estructura conocida como “puerta en tierra”, que representa la entrada de Jesús a Jerusalén y se convierte en el punto central de la procesión.

Tres escenarios distintos, unidos por una misma devoción, dibujan el mapa vivo del Domingo de Ramos en Panamá. Desde la solemnidad urbana del Casco Antiguo, pasando por la tradición arraigada de Parita, hasta la expresión comunitaria de Santiago, cada rincón del país reinterpreta este pasaje bíblico con matices propios.

Así, más que marcar el inicio de la Semana Santa, esta jornada revela la riqueza cultural y religiosa de Panamá, donde la fe se manifiesta a través de diversas tradiciones que, aunque distintas en forma, convergen en un mismo significado.

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El significado del Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa y conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, uno de los episodios más significativos narrados en los evangelios. Según la tradición bíblica, Jesús fue recibido por una multitud que lo aclamaba como rey, mientras extendían mantos y agitaban ramas de palma a su paso, en señal de respeto y reconocimiento.

Este acontecimiento tiene un profundo significado dentro de la Iglesia Católica, dado que no solo celebra la llegada de Jesús a dicho lugar, sino que también anticipa los momentos centrales de la Pasión, es decir, su sufrimiento, muerte y posterior resurrección.

Por ello, esta fecha representa una mezcla de alegría y recogimiento espiritual para los creyentes. En la actualidad, la celebración se manifiesta a través de procesiones, bendición de palmas y la participación activa de los fieles, quienes recrean de forma simbólica aquel recibimiento.

Este gesto se replica en distintas partes del mundo —y en Panamá— donde las palmas sustituyen a las ramas de olivo mencionadas en los textos bíblicos y se convierten en el principal símbolo de la jornada, representando fe, esperanza y reconocimiento espiritual.

De acuerdo con Azael Batista, miembro del Consejo Económico de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Parita, muchas familias conservan estos ramos benditos en sus hogares como signo de protección, colocándolos detrás de puertas, en camas o cunas.

“Las personas lo esperaban porque ansiaban verlo, lo recibieron como un rey”, manifestó Batista. Un año después, estas mismas palmas son recolectadas para convertirse en ceniza durante el Miércoles de Ceniza, cerrando así el ciclo litúrgico y reforzando el vínculo entre tradición, fe y vida cotidiana.

Parte de la procesión de "Papachú" que se realizó en años anteriores en Parita, provincia de Herrera.
Parte de la procesión de "Papachú" que se realizó en años anteriores en Parita, provincia de Herrera. / Foto cedida por Joaquín De León

Tres territorios, una misma fe

Aunque el significado religioso es común, la forma de vivir el Domingo de Ramos varía notablemente según la región. En el Casco Antiguo, la tradición ha evolucionado con una procesión más estructurada que incorpora el conjunto escultórico conocido como “La Borriquita”, elaborado en Sevilla, España.

De acuerdo con la Oficina del Casco Antiguo, la representación incluye la imagen de Jesús, el burro, dos niños hebreos, dos figuras adultas y una palmera, elementos que evocan la entrada a Jerusalén.

Cada figura porta una palma, en alusión al pasaje bíblico en el que la multitud recibe a Jesús. La anda que sostiene el conjunto, fabricada en talleres de Portugal, es cargada por entre 60 y 65 personas mediante cuatro varales de madera que se apoyan sobre los hombros de los cargadores.

La procesión parte de la iglesia de La Merced y culmina en la Catedral Basílica Santa María La Antigua, con una destacada participación infantil y el acompañamiento de bandas musicales. “Siempre ha habido procesión de Ramos, porque forma parte de la liturgia, pero en los últimos años se ha añadido el anda, lo que le da mayor impacto y participación al pueblo”, explicó el párroco Fray Javier Mañas.

En contraste, en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en Parita, la celebración adquiere un carácter profundamente comunitario y ancestral. Inicia desde la víspera con la vigilia "de Papachú", que combina rezos, cantos y convivencia.

“El Domingo de Ramos en Parita comienza desde la noche anterior. Es una experiencia que une a todo el pueblo”, relató el feligrés Joaquín de León.

Uno de los rasgos más distintivos es que la imagen de Jesús no se traslada en un anda, sino sobre un burro real. La procesión avanza acompañada por niñas que esparcen flores de caracucha, símbolo característico de la región, mientras los residentes adornan las calles con palmas y arreglos florales.

Según De León, esta tradición se remonta aproximadamente a finales del siglo XVIII, y la capilla dedicada a Jesús Triunfante, construida cerca de 1860, como data en los archivos parroquiales, refuerza su valor histórico y religioso. Tanto en Panamá, Veraguas como en Herrera, la jornada dominical comienza con la bendición de las palmas en cada una de las iglesias. Con respecto a Parita, desde la capilla parte la procesión por la avenida Santo Domingo.

Uno de los momentos más emblemáticos se produce en la “puerta de tierra”, estructura simbólica que representa la entrada a Jerusalén. Allí se entonan cantos tradicionales mientras repican las campanas, marcando uno de los puntos más intensos de la celebración. La procesión culmina en la iglesia parroquial con la eucaristía y la lectura de la Pasión, dando inicio formal a la Semana Santa.

A pesar de su carácter tradicional, la festividad ha incorporado cambios con el tiempo. La oferta de bebidas durante la vigilia se ha diversificado y algunos elementos de vestuario y decoración han evolucionado, sin alterar el sentido devocional. De igual forma, en esta zona del país, la organización es colectiva: familias enteras y devotos participan en la logística, el cuidado de la imagen y la preparación de la celebración, lo que refuerza su identidad comunitaria.

En Santiago, provincia de Veraguas, la Catedral Santiago Apóstol destaca por la construcción del “puerto en tierra”, una estructura elaborada desde alrededor de las 4 de la madrugada con palma real en las inmediaciones del semáforo de Coopeve. Este elemento simboliza la entrada de Jesús a Jerusalén y constituye el principal distintivo de la celebración local.

Las actividades inician a las 8:00 a.m. con la bendición de los ramos en la calle Jesús Triunfante, detrás del Registro Público. Desde allí parte la procesión hacia el “puerto en tierra”, donde se realiza una pausa con cantos alusivos al pasaje bíblico. Posteriormente, el recorrido continúa hasta la catedral, donde a las 9:00 a.m. se celebra la Eucaristía principal.

Como novedad, este año se incorpora el “Domingo de Ramitos”, una actividad dirigida a niños que iniciará a las 10:30 a.m. en el Parque de la Amistad, seguida de una misa a las 11:00 a.m. La iniciativa busca fomentar la participación de las nuevas generaciones en las tradiciones religiosas.

La organización de estas actividades involucra a diversas pastorales y ministerios parroquiales, cuyos preparativos comienzan desde finales de enero o inicios de febrero.

Procesión del Domingo de Ramos en el distrito de Parita.
Procesión del Domingo de Ramos en el distrito de Parita. / Foto cedida por Joaquín De León

Tradición y cambios generacionales

Más allá de los elementos rituales, el Domingo de Ramos cobra vida a través de sus protagonistas. En el Casco Antiguo, los niños ocupan un lugar central: vestidos con túnicas, recorren las calles como cofrades en una iniciativa que busca involucrar a las nuevas generaciones. “Queremos que sean los niños quienes participen y vivan esta experiencia desde pequeños”, señaló el fray Mañas.

En Parita, la celebración es considerada una de las más emotivas del año. “Es la tarde más bonita de Parita”, afirma el feligrés De León, al resaltar la entrega de la comunidad. A pesar de su arraigo, la celebración no es ajena a transformaciones. En el Casco Antiguo, la incorporación de elementos como el anda desde 2024 y la participación infantil evidencia una adaptación orientada a involucrar a nuevas generaciones.

En Parita, aunque la esencia se conserva, se han introducido cambios como la diversificación de bebidas durante la vigilia y ajustes en los materiales utilizados en vestuarios y decoraciones. “La tradición no ha cambiado, pero sí ha evolucionado”, dijo De León.

La participación juvenil también ha ido en aumento, sobre todo en actividades como dramatizaciones y labores logísticas, lo que contribuye a garantizar la continuidad de la festividad. Para los habitantes de Parita, esta celebración no solo representa una práctica religiosa, sino también un espacio de encuentro, identidad y transmisión de valores que ha perdurado por generaciones, consolidándose como una de las expresiones de fe más significativas del país.

El Domingo de Ramos en Panamá no es una celebración uniforme, sino un mosaico de expresiones en el que la fe se entrelaza con la identidad local. Desde las calles coloniales del Casco Antiguo hasta las tradiciones centenarias de Parita y la ciudad de Santiago, cada región aporta su propia forma de vivir la entrada triunfal de Jesús.

Más allá de sus diferencias, hay un elemento común: la comunidad. Una comunidad que, año tras año, se reúne para mantener viva una tradición que trasciende generaciones y reafirma el vínculo entre fe, cultura y sentido de pertenencia.

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