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Panamá/En medio de la Semana Santa, cuando miles de fieles recorren las siete iglesias del Casco Antiguo, pocos imaginan que este circuito religioso es también un recorrido por una de las historias más intensas de destrucción, fe y reconstrucción que ha vivido Panamá.
Todo comienza en Panamá Viejo. Allí, mucho antes de las procesiones actuales, las iglesias no solo eran centros de fe, sino piezas clave en la estrategia de la Corona española.
“La primera y más importante misión que tenían las órdenes religiosas era traer la palabra del Señor y evitar que se profesaran otros cultos… había que catolizar a la población indígena”, explica la arqueóloga Mirta Linero Baroni, actual directora de Arqueología del Patronato de Panamá Viejo, quien además recordó que Panamá Viejo se fundó con pobladores de Santa María La Antigua del Darién.
Por eso, la ciudad llegó a concentrar una gran cantidad de iglesias:
Panamá no solo era un punto religioso, sino también estratégico. Era el paso hacia el Mar del Sur —el océano Pacífico— y la ruta hacia las riquezas del continente.
Panamá se funda como un efecto de haber fundado Santa María la Antigua del Darién… en la búsqueda del Mar del Sur y la ruta hacia Asia”, detalla Linero.
Pero en 1671, la historia cambió para siempre. El ataque del pirata Henry Morgan no solo trajo saqueo, sino también destrucción.
La destrucción principal ocurre a manos propias, con el incendio del polvorín por parte del presidente de Panamá La Vieja para alejar a los peritas, pero que, lamentablemente, se propaga por toda la ciudad, que luego es apagado por los piratas que pensaban qué saquear”, relata la especialista.
Las llamas consumieron gran parte de Panamá Viejo. Lo que siguió fue una decisión histórica: abandonar la ciudad.
Fue la Corona española, con el aval del rey, la que ordenó el traslado. No se trató de una reconstrucción en el mismo sitio, sino de una mudanza completa hacia un nuevo asentamiento conocido entonces como el Ancón, hoy Casco Antiguo. Para ese entonces, el gobernador colonial era Antonio Fernández de Córdoba.
La conclusión fue: Panamá seguirá existiendo, pero no donde estaba… hay que mudarla y construirla con los materiales que quedaron”, explica Linero. A juicio de la especialista, la corona ya no contaba con muchos recursos para establecer con nuevos materiales una nueva ciudad, por lo que piden pasarla con lo quedado del saqueo.
Así comenzó una de las reconstrucciones más singulares de la historia: la ciudad fue trasladada pieza por pieza.
“Se reconstruye la ciudad, se muda la ciudad pieza a pieza como un rompecabezas”, afirma la arqueóloga. Esta nueva ciudad fue fundada el 21 de enero de 1673.
Pero el traslado de las iglesias desde Panamá Viejo hacia el nuevo asentamiento no fue un proceso improvisado, sino una operación cuidadosamente pensada que incluso respondió a la logística de la época. El desmontaje de las estructuras se realizó en función de la altura de las carretas utilizadas para transportar los materiales, lo que explica por qué muchas de las ruinas actuales conservan una altura uniforme.
Venían los trabajadores con las carretas, las carretas tienen cierta altura… yo voy desmontando hasta altura de carreta. Yo no me bajo de la carreta para recoger un pedazo de piedra… Entonces, se desmonta a la altura de carreta”, detalla la arqueóloga, evidenciando cómo este criterio práctico permitió trasladar piedra a piedra gran parte de la ciudad y sus templos hacia el hoy Casco Antiguo.
La arqueóloga explica que esta es la razón por la que, al recorrer hoy el sitio arqueológico de Panamá Viejo, se observa que la mayoría de las ruinas tienen una misma altura. Solo se exceptúan algunos puntos clave que permanecieron en pie, como la torre de la catedral, la espadaña de San Francisco y estructuras de la Compañía de Jesús. "Estos elementos no fueron desmontados y, aunque no existe un registro específico que lo explique, probablemente se mantuvieron por respeto a su carácter sagrado. Eran espacios profundamente significativos para la comunidad: su iglesia, su cofradía, el lugar donde acudían a orar", indicó.
Detalla que, el resto de las estructuras presenta una altura bastante uniforme. Las ruinas de mampostería, de calicanto, oscilan entre los 70 centímetros y 1.30 o 1.50 metros. Esta medida responde a un criterio práctico: la altura de las carretas utilizadas en la época. Los trabajadores desmontaban las edificaciones hasta ese nivel para poder cargar los materiales sin necesidad de bajarse, facilitando así el traslado de piedra a piedra hacia la nueva ciudad.
Las iglesias, como eje espiritual y social, fueron prioridad en este proceso, pues eran instituciones centrales en la vida colonial. Todas las órdenes religiosas fueron trasladadas para garantizar la continuidad de la vida religiosa. En el trazado original de la nueva ciudad de Panamá, tras la destrucción de Panamá Viejo en 1671, todas las órdenes religiosas fueron trasladadas al nuevo emplazamiento, hoy conocido como el Casco Antiguo de Panamá. Este proceso garantizó la continuidad de la vida espiritual en la naciente urbe y permitió la reorganización de sus instituciones religiosas dentro de un nuevo modelo urbano.
Las iglesias edificadas intramuros en el Casco Antiguo son, en su mayoría, iglesias conventuales; es decir, forman parte de complejos religiosos y servían como espacios de culto para las comunidades de frailes o monjas de cada orden. Constituyen la excepción la Catedral Basílica Santa María de la Antigua y la Iglesia de Santa Ana —esta última ubicada extramuros—, que cumplen funciones parroquiales y atienden directamente a la feligresía.
La arquitecta María Isabel Arrocha, directora del Museo de La Merced y de las iglesias del Casco Antiguo explicó que en el trazado original de la nueva ciudad de Panamá, tras la destrucción de Panamá Viejo en 1671, todas las órdenes religiosas fueron trasladadas al nuevo emplazamiento, hoy conocido como el Casco Antiguo de Panamá. Este proceso garantizó la continuidad de la vida espiritual en la naciente urbe y permitió la reorganización de sus instituciones religiosas dentro de un nuevo modelo urbano.
Las iglesias edificadas intramuros en el Casco Antiguo son, en su mayoría, iglesias conventuales; es decir, forman parte de complejos religiosos y servían como espacios de culto para las comunidades de frailes o monjas de cada orden. Constituyen la excepción la Catedral Basílica Santa María de la Antigua y la Iglesia de Santa Ana —esta última ubicada extramuros—, que cumplen funciones parroquiales y atienden directamente a la feligresía. En cuanto al Hospital San Juan de Dios, la Orden Hospitalaria también fue trasladada al nuevo asentamiento del Ancón, estableciéndose en el sitio donde hoy se ubica la Escuela República de México, en la Calle 8ª, manteniendo así su importante labor asistencial en el contexto de la nueva ciudad.
Sin embargo, hubo una que destacó por encima de todas: La Merced. La arquitecta Arrocha, directora del Museo de La Merced y de las iglesias del Casco Antiguo, lo resume así: “la sección central de su fachada fue desmontada y trasladada piedra a piedra desde Panamá Viejo… convirtiéndose en un símbolo de continuidad, resiliencia y memoria histórica entre ambas ciudades”.
De hecho, esta iglesia es conocida como “la iglesia de las dos ciudades”, por haber conservado gran parte de su estructura original. Cabe destacar que, La Merced fue la iglesia menos afectada durante el ataque de Morgan.
Algunos historiadores han explicado que ello se debió a que se encontraba a las afueras de la ciudad. Y es que, la iglesia de La Merced llega de la mano de Pedro Arias de Ávila, fundador de la ciudad de Panamá, quien define el lugar donde debían establecerse, cerca de los asentamientos indígenas y la misión que cumplirían de alfabetizar, enseñar la religión y supervisar a esa población que permanecía en la ciudad.
El Casco Antiguo llegó a albergar más de siete iglesias y conjuntos conventuales. Entre los que han perdurado hasta nuestros días destacan la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, la Iglesia de San José, el Oratorio San Felipe Neri, la Iglesia de San Francisco de Asís y la Iglesia de Santo Domingo. A este conjunto se suman edificaciones hoy desaparecidas, pero fundamentales en el paisaje histórico, como la Iglesia y Convento de las Monjas de la Concepción —demolidos posteriormente para dar paso al Palacio de Gobierno y al Teatro Nacional de Panamá—, así como la Iglesia de la Compañía de Jesús y parte del complejo de Santo Domingo, que no fueron reconstruidos tras los devastadores incendios que marcaron la historia del Casco Antiguo", detalló la arquitecta..
Hoy, en el Casco Antiguo, sobreviven siete iglesias que forman parte del tradicional recorrido de Semana Santa Internacional:
Cada una guarda una historia. Por ejemplo, la Iglesia de San José destaca por su resistencia. Construida en 1688, sobrevivió a múltiples incendios y hoy conserva elementos originales como su púlpito colonial. Ese púlpito destaca por sus restos de pisos y pinturas originales, campanario de madreperla y un nacimiento permanente.
Mientras que la Iglesia de San Francisco de Asís es la que más transformaciones ha sufrido, de acuerdo con la arquitecta Arrocha.
La iglesia que más transformaciones ha experimentado es San Francisco de Asís… su intervención en 1918 reinterpretó completamente su estructura original”, dijo Arrocha.
Esta iglesia fue administrada por franciscanos y jesuitas, y tuvo diversos usos como hospital, cuartel, colegio e instituto. Además, allí se celebró la primera Asamblea Constituyente de la época.
Otras, como la iglesia Santo Domingo de Guzmán o la Capilla del Rosario, que era un convento y que fue uno de los primeros en construirse en la nueva ciudad de Panamá, en 1678, quedó en ruinas, aunque su famoso Arco Chato sobrevivió como símbolo histórico.
Mientras que la iglesia de Santa Ana nace de la ermita que se encontraba en Panamá Viejo. Se consagró en 1764 en el Casco, pero fue colocada a las afueras de la ciudad, como se mantenía la ermita en la vieja ciudad. Fue construida gracias al aporte del conde de Santa Ana, sufrió un incendio en 1854 y luego fue reconstruida. Es Monumento Histórico Nacional desde 1980.
Sobre la Catedral Basílica Santa María La Antigua hay que recordar que fue primero construida en Santa María La Antigua del Darién, luego se muda a Panamá Viejo en 1520, se quema en 1644 y se reconstruye en 1652. Aunque se mudan piedras de los restos de Panamá Viejo hacia el Casco, su torre no se muda y hoy día permanece en el sitio arqueológico.
Datos señalan que, en esta iglesia, está la cruz del Papa León XIII, la cual promete 100 días de indulgencia a quienes recen un Padre Nuestro y la besen.
El Oratorio San Felipe Neri es una de las iglesias que se construyen ya en la nueva ciudad, es decir, no viene de Panamá Viejo, sino que forma parte del desarrollo del Casco Antiguo tras el traslado en 1673. Fue construido en 1688, ya en la nueva ciudad, lo que lo diferencia de otras iglesias que fueron trasladadas. Resistió varios incendios importantes (1737, 1756, finales del siglo XVIII y 1854). Fue usado para seminario, hospital, orfanato, residencia y hogar de ancianos.
Cabe señalar, que entre las iglesia que cambiaron completamente su función o diseño con los años está el Hospital San Juan de Dios ahora es la Escuela República de México, la Iglesia y Convento de las Monjas de la Concepción ahora es el Teatro Nacional y Palacio de Gobierno.
A pesar de los cambios, algo se mantuvo intacto: la fe. “Todas las iglesias del Casco Antiguo representan la historia de Panamá… son testimonio de adaptación, resiliencia y continuidad”, destaca la arquitecta.
Hoy, más de 350 años después, esas mismas iglesias siguen vivas, recibiendo a fieles que, sin saberlo, caminan sobre una ciudad que ardió, se desmontó y volvió a levantarse. Porque en Panamá, la historia no solo se conserva, también se recorre.