Madres, historias que mueven el corazón

Madres, historias que mueven el corazón

Panamá/Emile Badillo, hormiguita, cuenta que su alarma suena a las 3:00 a.m., se prepara un té para ir con algo caliente a trabajar, se alista y toma su autobús.

Así inicia el día de Emile una luchadora mujer que, buscando un mejor porvenir para ella y sus hijos, salió de su natal Darién a la ciudad de Panamá.

Después de tocar muchas puertas en búsqueda de trabajo, encontró una oportunidad como recolectora de desechos. Lo que muchos conocemos como “hormiguita”.

“Cuando empecé a trabajar a mí me daba pena y me escondía, Estuve buen tiempo en eso hasta que dije: pero yo estoy boba si no estoy haciendo nada malo, me estoy ganando la vida honradamente para mantener a mis hijos”, expresó Babillo.

Siguió contando que una vez iba barriendo en un área soleada y en medio camino soltó sus herramientas de trabajo y se puso a llorar.

“Yo no nací para hacer este trabajo, es muy difícil y no aguanto… lloré un buen rato y después me acordé que tenía que hacerlo por mi hijo, porque está estudiando y si yo no lo ayudo nadie lo hará “.

Y es que, para Emile lidiar desde hace 15 años con la basura que otros dejan por cualquier lugar no es tarea fácil,

 “Nos dicen que, si no tiran la basura en la calle, nosotros no tenemos trabajo… cosa que para mí es una ignorancia, Nosotras que somos mujeres con familias e hijos hasta de niveles universitarios, necesitamos de este trabajo, pero no por eso la gente tiene que tratarnos como si ni valiéramos nosotras ni el trabajo”, consideró,

Después de un largo día de trabajo, Emile toma un autobús para dirigirse hacia su hogar y no precisamente para descansar; sino a meterse entre libros y cuadernos, para cumplir su nueva meta, convertirse en una profesional.

“Le doy gracias a Dios que con perseverancia y mucho esfuerzo he llegado hasta donde estoy, que es el tercer año de la carrera de Licenciatura en Desarrollo Comunitario”, narró.

Así como Emile ve en la educación una oportunidad de un mejor futuro para ella y sus hijos, hay otras mujeres que comparten el mismo espíritu sin importar las limitaciones, ni la edad.

Ilda Quijada, tuvo que dejar de estudiar para atender a sus hijos, ahora está en el último año de la Licenciatura en Ciencias de la familia y desarrollo comunitario.

“Tuve a mi primer nuño y me vi en la necesidad de dejar mis estudios en un segundo plano, después de un segundo embarazo decidí retomar los estudios universitarios y ahorita estoy en la Universidad del Trabajo y la Tercera Edad haciendo mi práctica profesional”, contó.

Experta en modistería, a sus 50 años Ilda está a un paso de ver materializado su sueño de convertirse en licenciada, lo que llena de completo orgullo a sus hijos.

Antonio Hurtado, hijo de la señora Ilda, cuenta lo que representa para él su mamá.

“Mi mamá es un símbolo de fuerza, orgullo, ganas de seguir estudiando y aprendiendo”, dijo el orgulloso hijo.

 Si hay algo que conecta a las mujeres, sin importar la generación que representen, son las ganas de echar hacia adelante y labrar un mejor destino para sus hijos.

Julieth Ábrego, labora en el Centro de Operaciones del Metro de Panamá.

Con tan solo 29 años, Julieth sabe lo que es escalar poco a poco en una compañía que diariamente mueve a más de 380 mil personas entre la línea 1 y 2 del metro.

Sus inicios fueron como agente de atención al cliente, a los tres meses subió a conductora de tren por un año y luego ascendió al centro de operaciones donde ha vivido experiencias que van desde movilizar miles de jóvenes para la JMJ hasta apoyar en partos.

“Las personas como usan el medio de transporte para trasladarse a los hospitales a veces no llegan, entonces uno le brinda los primeros auxilios hasta que llegue la ambulancia”, comentó Ábrego.

Agregó que “la carita de su hijo la ayuda a levantarse todos los días y a no caerse por cosas que pasan, pero cuando uno ve a su hijo crecer todos los días te da esa fuerza para salir adelante”.

En el mundo moderno nos obliga a desarrollar múltiples roles, alejándonos muchas veces de los mejores momentos de nuestros hijos, sin dejar de lado ese amor, abnegación y motivación que nos impregnan cada día por brindarles un mejor porvenir.

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