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A un año de la muerte de Isabell II, recordamos la compleja relación con la princesa Diana

Isabell II

Diana Spencer, el príncipe Carlos y la Reina Isabel
Diana Spencer, el príncipe Carlos y la Reina Isabel / Getty Images

Con la muerte de Isabel II el 8 de septiembre de 2022, el Reino Unido dijo adiós a toda una época, marcada por el estoicismo de una jefa de Estado que se negaba a opinar de nada, mucho menos de política, pero que supo navegar entre ese mar de escándalos y controversias de algunos miembros de la familia real. Con el primer aniversario de la muerte de Isabel II, recordamos uno de los episodios que marcaría la vida de la otrora reina por el resto de su vida.

Apenas nueve días después del 25 aniversario de la trágica muerte de la princesa de Gales, el destino quiso que la luz de la Reina Isabell II también se apagara a los 96 años, el pasado 8 de septiembre de 2022. Dos mujeres amadas por su pueblo, pero enfrentadas por la tradición y los códigos reales de la corona británica. ¿Cómo fue la relación entre la Reina Isabel y la princesa Diana?

Diana Spencer gozó de la aprobación de la Reina desde que su hijo Carlos empezó a cortejarla. Isabel encontraba a la joven mujer encantadora y apropiada, pues Diana formaba parte de una familia aristocrática y cercana a los círculos reales, por lo que la Reina miró con buenos ojos su compromiso matrimonial.

Sin embargo, todo lo que ocurrió después, la boda real, las infidelidades de Carlos, la disolución del matrimonio, la prematura muerte de Diana mientras era perseguida por los paparazzi- ha sido objeto de innumerables libros, programas de televisión y películas como “Spencer”, protagonizada por Kristen Stewart o "The Crown", por citar las dos más famosas.

A pesar que la Reina la aprobaba, luego del matrimonio con el príncipe, Diana mantuvo distancia con su suegra. La reina le resultaba simpática pero aterradora. Sin embargo, ambas mujeres parecían dispuestas al menos a llevarse bien ya que parecía imposible quererse.

Las tensiones surgieron entre Diana y la familia real, incluida la reina, cuando su matrimonio tuvo problemas románticos y luego sensacionalistas. La relación empeoró cuando Diana sufrió de bulimia.

Diana contó al biógrafo Andrew Morton que, durante una conversación con la reina, “me indicó que la razón por la que nuestro matrimonio se había ido a pique era porque el príncipe Carlos lo estaba pasando muy mal con mi bulimia”.

En público, incluso cuando los rumores de los asuntos del príncipe se arremolinaban, Diana seguía diciendo las cosas correctas: que el príncipe la apoyaba, que era un buen padre y marido. “Eso no era lo que le decía a la reina en sus reuniones privadas”, escribió Seward. “Carlos, seguía diciendo Diana, estaba defraudando a la monarquía”.

A la Reina le molestaba demasiado que Diana ventilara sus problemas con el príncipe Carlos con guardaespaldas, cocineros y mayordomos pero callaba. Para evitar problema decidió alejarse de su nuera e ignorar los reclamos de Carlos. El divorcio tampoco era una posibilidad.

En 1994, Carlos participó de The private man, the public role, un documental que se emitió por la televisión británica. El periodista le preguntó si había tratado de ser “fiel y honorable” en su matrimonio y su respuesta fue demoledora: “Sí... Hasta que el matrimonio se rompió irremediablemente, ambos lo intentamos”, fue su respuesta y agregó: “Siempre he tratado de hacerlo bien y de hacer lo correcto por todo el mundo”.

La admisión de adúltero ante las cámaras asombró a todos, pero quizá no a Diana. La misma noche que se emitía el documental participó de una gala benéfica donde lució el icónico atuendo que pasó a ser conocido como “el vestido de la venganza”. Negro, escotado y corto rompía todas las reglas seguidas por el protocolo real. Al verlo, la reina supo que luciendo ese atuendo su nuera realizaba una declaración perfecta de libertad y confianza.

Tras consumarse el divorcio en 1996, Diana encontró el amor en el empresario Dodi Al-Fayed. El asedio de la prensa y los paparazzis llevó a la pareja a un trágico final. Mientras el mundo lloraba su muerte, la Reina permaneció acuartelada en su palacio y sin decir una sola palabra. Isabel II fue muy criticada por su falta de compasión cuando, en 1997, falleció en aquel fatal accidente automovilístico la "princesa del pueblo", como era conocida Diana, la madre de sus nietos Guillermo y Enrique. Adorada por las masas, dos años antes había denunciado en televisión la infidelidad de su esposo, heredero al trono.

Mientras que la población, de duelo, depositaba millones de flores frente a la verja de los palacios de Buckingham y de Kensington, el príncipe Carlos y la reina Isabel se atrincheraron en su castillo escocés de Balmoral.

Pese a la ola de indignación que recorrió el país, la soberana no salió de su silencio hasta la víspera del funeral, cuando ofreció un excepcional discurso televisado.

En la edición del aniversario de 2017 de su biografía, Adrew Morton, autor de la biografía de 1992, Diana: Her True Story: In Her Own Words escribió: "Una de las muchas ironías de la vida [de la reina] es que el impacto de Diana en la familia real se mide por lo complaciente que es la casa de Windsor para los recién llegados". Y añade: "Es relevante que la reina se uniera con frecuencia a la novia del príncipe Guillermo, Catherine Middleton, ahora duquesa de Cambridge, en los primeros días de su carrera real. Sin duda, se han aprendido lecciones, pero ha tenido un precio".

*Con información de The Washington Post, Infobae/Susana Ceballos y AFP*

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