Jim Carrey y la verdad sobre la supuesta suplantación del maquillista Alexis Stone

Jim Carrey / AFP

La reciente aparición del actor en los Premios César en París no solo generó titulares por su discurso en francés, sino que desató una teoría viral que puso en duda su identidad.

En el centro de la polémica estuvo Alexis Stone, maquillista y drag artist famoso por sus transformaciones hiperrealistas, quien insinuó en redes sociales que él podría haber sido quien apareció caracterizado como el actor.

La controversia comenzó cuando Alexis Stone publicó en Instagram una imagen de la alfombra roja acompañada de la frase: “Alexis Stone como Jim Carrey en París”. La declaración no afirmaba explícitamente que hubiera suplantado al actor mediante prótesis, pero su ambigüedad fue suficiente para encender las redes.

En cuestión de horas, la teoría conspirativa tomó fuerza. Miles de usuarios comenzaron a cuestionar si el Carrey que asistió a la ceremonia era realmente él o una performance inmersiva creada por Stone, conocido por borrar la línea entre realidad y ficción.

Entre las reacciones destacó la de Megan Fox, quien comentó: “No puedo soportar más estrés ahora, necesito saber si esto es real”, reflejando la confusión colectiva que dominó internet.

Alexis Stone, cuyo nombre real es Elliot Joseph Rentz, construyó una reputación internacional gracias a su dominio del maquillaje de efectos especiales y el uso de prótesis hiperrealistas. Él mismo se define como creador de “performance inmersiva” y “narrativa subversiva”, conceptos que guían su propuesta artística.

A lo largo de su carrera ha encarnado a celebridades como Madonna, Lana Del Rey, Jack Nicholson y Dolly Parton, además de personajes ficticios como Morticia Addams y Cruella de Vil.

Su presencia en la Fashion Week y colaboraciones con marcas como Balenciaga, Diesel y Hugo Boss consolidaron su perfil como figura disruptiva dentro de la cultura pop contemporánea.

Para alimentar la especulación, Stone compartió también una fotografía de una supuesta mesa de trabajo con prótesis, dientes falsos, peluca y maquillaje, colocados frente a la Torre Eiffel. La imagen parecía reforzar la narrativa de que había preparado una caracterización de Carrey para el evento.

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Sin embargo, el detector de imágenes de inteligencia artificial del medio estadounidense USA Today determinó que la fotografía tenía solo un 3 % de autenticidad, indicando que fue alterada digitalmente. Este dato debilitó significativamente la teoría de la suplantación.

Ante la ola de rumores, la organización de los Premios César emitió declaraciones a través de su delegado general, Gregory Caulier, quien explicó a la revista Variety que la participación de Carrey estaba prevista con mucha antelación.

“La visita de Jim Carrey fue planeada desde el verano. Desde el principio, se mostró muy conmovido por la invitación de la Academia”, sostuvo.

Además, detalló el nivel de compromiso del actor con la ceremonia: “Hubo ocho meses de conversaciones constructivas y él trabajó en su discurso en francés durante meses, preguntándome sobre la pronunciación exacta de ciertas palabras”.

Caulier restó importancia a la controversia y la calificó como un “tema irrelevante”, subrayando que el actor asistió acompañado de su entorno cercano. “Vino con su pareja, su hija, su nieto y 12 amigos y familiares cercanos”, indicó. “Su publicista de toda la vida lo acompañó. Su viejo amigo Michel Gondry, que ha hecho una película y dos series con él, también estaba allí, y se alegraron mucho de verse de nuevo”.

La representante del actor también confirmó a USA Today que fue el propio Carrey quien recibió el galardón, descartando cualquier hipótesis de imitadores o clones.

El episodio evidencia cómo las redes sociales y la cultura de la performance pueden generar dudas masivas incluso frente a eventos oficiales. Alexis Stone, fiel a su estilo provocador, logró activar una conversación global sobre identidad, maquillaje y credulidad colectiva.

Aunque la teoría quedó desmentida, el caso demuestra que en la era digital la línea entre realidad y ficción puede volverse sorprendentemente difusa.

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