Los Nobel de la paz que van a la guerra

Medalla del Premio Nobel / AFP
Afp
08 2020 - 09:22

El comportamiento que cabe esperar de un "campeón de la paz" no es precisamente anunciar un asalto "despiadado", ejecutar su amenaza ni generar una crisis humanitaria grave. Pero es lo que ha hecho el premio Nobel de la paz 2019, el primer ministro etíope Abiy Ahmed.

Oficialmente, los cañones han callado en Tigré: el 28 de noviembre, Abiy Ahmed proclamó el éxito de la ofensiva militar que inició contra esta región disidente del norte de Etiopía 24 días antes.

No se ha podido establecer el costo en vidas humanas, pero el International Crisis Group (ICG) habla de "varios miles de muertos en los combates" y, la ONU de una "crisis humanitaria de grandes proporciones", ante la legión de civiles que han tenido que huir del país.

Y el aura del primer ministro etíope ha sufrido un duro golpe.

"Independientemente de los méritos y de los errores de la lucha actual, lo que está claro es que su reputación de artífice de la paz se verá gravemente afectada", señalaba el Financial Times en un editorial el 11 de noviembre.

"Y el comité del Nobel tiene una lección que aprender: en caso de duda, mejor esperar", concluía.

Una paciencia que hubiera sido bienvenida en varios casos en el pasado, según los historiadores.

Diez años antes, Barack Obama ganó el Nobel solo nueve meses después de asumir la presidencia de Estados Unidos.

Quizá el primer sorprendido fue él. "¿Por qué?", reconoció haberse preguntado, en una reciente autobiografía.

Tres bombas por hora

Tres días antes de recibir el galardón en Oslo, el presidente estadounidense decidió enviar 30.000 soldados más a Afganistán. Y en su discurso de agradecimiento, defendió una especie de derecho a la "guerra", una palabra que pronunció 35 veces frente a las 29 de la palabra "paz".

"Decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo, es el reconocimiento de la historia, de las imperfecciones del hombre y de las limitaciones de la razón", sostuvo.

No solo no logró poner fin a los conflictos en Irak y en Afganistán durante sus dos mandatos, sino que intensificó los polémicos bombardeos con drones. En 2016, su ejército lanzó más de 26.000 bombas en siete países, según el centro de reflexión Council on Foreign Relations. Es decir, tres bombas por hora.

"Es imposible para nadie estar a la altura de las expectativas" generadas por la elección de Obama, explica a la AFP el exsecretario del comité del Nobel, Geir Lundestad. "Eran totalmente irreales".

En 1973, el Nobel lo recibieron Henry Kissinger y Le Duc Tho tras la conclusión de una tregua, efímera, en Vietnam. El comunista vietnamita, que pilotaría dos años después una enorme ofensiva final contra el sur de Vietnam, lo rechazó.

Por su parte, el secretario de Estado norteamericano legó para la posteridad la imagen de un cínico que había apoyado a las dictaduras, en particular en Sudamérica.

"No solo prosiguió la guerra en Vietnam sino que dio luz verde a Indonesia para invadir Timor Oriental" en 1975-76, recuerda el historiador noruego Asle Sveen, especialista del Nobel.

Nobel y "genocidio"

El entonces primer ministro israelí Menájem Beguín, que recibió el premio en 1978 junto con el presidente egipcio Anuar al Sadat por el acuerdo de paz firmado en Camp David el mismo año entre los dos países, dejó también una herencia ensuciada de sangre, según Sveen.

"Después, Beguín ordenó la invasión de Líbano por Israel en 1982 y (el sitio) de Beirut, y esto indirectamente llevó a las matanzas de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila", recuerda el historiador.

Sin mostrar un lado belicoso, muchos galardonados con el premio de la paz han visto palidecer su estrella, en particular Aung San Suu Kyi.

La pasividad de la "Dama de Rangún" ante los abusos -calificados de "genocidio" por investigadores de la ONU- perpetrados contra la minoría musulmana rohinyá en Birmania ha generado una movilización masiva para que se le revoque el premio concedido en 1991.

Los estatutos del Nobel no prevén tal posibilidad y, en general, el comité se abstiene de comentar la actualidad de un país o de una persona a la que ha premiado.

Sin embargo, lo hizo excepcionalmente el 16 de noviembre al manifestar su "profunda preocupación" por los acontecimientos en Etiopía y pedir que cesaran las hostilidades, aunque asumió su elección de 2019.

Este año, parece que ganó la prudencia al optar por un premiado que ha suscitado un gran consenso, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que recibirá su galardón este jueves desde Roma.

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