Elvis Presley: Una vida marcada por los excesos y la ambición desmedida de un manager

Elvis Presley

Elvis Presley en uno de sus últimos shows dado en 1977
Elvis Presley en uno de sus últimos shows dado en 1977 / Captura de video

El 26 de junio de 1977 en el Marquet Square Arena de la ciudad de Indianápolis y ante un lleno completo, Elvis Presley, daría su último concierto. Un mes y medio después moriría sentado en el inodoro de su mansión a los 42 años. La drogodependencia, sus crisis médicas, la ambición desmesurada de su manager a costa de su mal estado de salud y todos los excesos que llevaron a la muerte al 'Rey del rock'.

Elvis Presley es considerado como una de las figuras más importantes de la cultura popular del siglo XX. El programa American Idol se refirió a él como "el más grande ídolo mundial". Tenía una voz versátil y un inusual éxito en muchos géneros, entre ellos el country, el pop, las baladas, el gospel y el blues. Es el solista con más ventas en la historia de la música popular. Nominado a 14 premios Grammy, ganó tres y recibió uno en la categoría a la carrera artística a la edad de treinta y seis años, además de figurar en diversos salones de la fama musicales.

El periodista Matías Bauso, relata un imperdible resumen de la vida y los excesos del Rey del Rock en un reportaje publicado en Infobae.

En 1977 con una carrera llena de altibajos, Elvis había dado la friolera cifra de 55 conciertos. Durante ese año, el plan del Coronel Tom Parker, manager de Elvis Presley había sido diferente al de los años anteriores. Muchas giras por todo Estados Unidos con actuaciones intensas durante dos semanas, un breve descanso y luego volver a la ruta. Durante casi todo 1977 no se presentarían en Las Vegas, el sitio en el que Elvis se había asentado durante los setenta. Recién en octubre cantaría en el nuevo salón del Hotel Hilton para 7,000 personas.

Desde hacía años que los shows de Elvis eran abiertos por Jackie Kahane, un comediante norteamericano, que amenizaba la espera con su rutina de stand up. Al principio su intervención duraba poco más de un cuarto de hora. Pero con el correr del tiempo y el deterioro de Elvis, debió ir alargando su actuación hasta que el Rey estuviera listo para ingresar. Hubo días que Kahane estuvo en el escenario más tiempo que Presley. Kahane llegó a tener que estar frente al público casi una hora.

“Elvis se ve y se escucha maravilloso esta noche”, dijo el comediante al público antes de dejarle lugar a la estrella el día de la que sería su última actuación. Y no había mentido. La mejoría de su estado respecto a los días anteriores era evidente. Tal vez lo ayudaba saber que esa sería la última escala de ese tramo de la gira antes de tomar un descanso o quizás esa noche su mente estaba más despejada que lo usual.

El público gritaba, pedía sus temas favoritos, celebraba sus (escasas) ocurrencias, hacía como si nada pasara. Terminó de cantar Can’t Help Falling In Love y dejó el escenario. La banda, como siempre, siguió tocando unos minutos hasta que se avisó: “Elvis has left the building”. Elvis se ha ido.

Sus músicos y parte del séquito coinciden en que ese show fue de los mejores que hizo en 1977. Los dos anteriores habían sido casi catastróficos. Como muchos otros de ese año. Casi no hablaba con el público. Se movía con dificultad por el exceso de peso, se olvidaba las letras, repasaba la lista de temas con apuro como si se tratara de finalizar un trámite. Su cara parecía diseñada por un mal maquillador de una película de terror clase B. Abotargado, era un espectro en el escenario con algunos momentos de lucidez.

Esos dos shows, los de Omaha y Rapid City, fueron filmados para ser pasados por televisión. Sin embargo, los músicos como el entorno, no podían entender cómo el Coronel Parker había vendido ese programa especial. Elvis no estaba en condiciones de ser sometido a semejante exposición. Millones de personas verían su deterioro. Pero el canal pagó 750,000 dólares y el Coronel Parker no dudó. Como venía haciendo desde hacía años, parecía que el manager hacía los negocios pensando en beneficiarse y no en su artista.

La cadena televisiva al ver el material decidió no emitirlo pues los shows aparte de malo, mostraban el gran deterioro del artista. Sin embargo, tras su muerte se transmitió y se promocionó como el último recital aunque estrictamente no lo fuera. No podían perderse semejante negocio.

La explotación de Elvis Presley, parece inconcebible. Las giras de ese año fueron un desgaste innecesario. Nadie podía siquiera sospechar que estaba en condiciones de afrontar ese esfuerzo. La adicción a los opioides y otros medicamentos, la dieta descontrolada, el alejamiento del mundo real, la falta de entusiasmo por lo que estaba haciendo y el enrarecimiento progresivo de sus contactos con las mujeres en general. A todos esos problemas se le sumó otro. La preocupación por un libro que estaba por aparecer.

Tres de los guardaespaldas de Elvis fueron despedidos a fines de 1976. El Coronel Parker, representante de Elvis, dijo que se trató de un recorte presupuestario ya que los shows se habían espaciado. Los guardaespaldas insistieron en que fueron desplazados porque ellos tres fueron los únicos que se opusieron al estilo de vida que estaba llevando Presley, los que se opusieron a que se siguiera matando.

Los tres se juntaron con un periodista que trabajaba en dos diarios sensacionalistas y le pidieron que oficiara de ghost writer. Steve Dunleavy desgrabó los testimonios de los guardaespaldas y escribió un libro repleto de intimidades escabrosas. Una enorme venganza.

Allí se contaba por primera vez la relación de Elvis con las drogas, el abuso de los medicamentos prescriptos, los problemas con las mujeres y otras intimidades más. Un típico producto amarillo y polémico que fue editado en julio de 1977.

Pese a las escandalosas revelaciones, el libro empezó su carrera comercial sin demasiada fuerza. Los fans de Elvis no querían escuchar cosas feas sobre su ídolo. Pero Elvis What Happened? fue uno de los libros más oportunamente lanzados de la historia. Menos de un mes después de su publicación, Elvis fue encontrado muerto. Y todos los que no quisieron leer antes, lo compraron para tratar de entender qué había sucedido. Fue un best seller inmediato. En Estados Unidos vendió casi 4 millones de copias.

Los últimos años de Elvis habían sido bastante parecidos entre sí. Lo único que los diferenciaba era que cada año era un poco peor que el anterior. Discos malos, perezosos; actuaciones en vivo erráticas, sin el menor rigor, en las que el público salía siempre defraudado; y un físico cada vez más vapuleado que mostraba, en cada desconcertante aparición pública, un deterioro evidente.

Elvis Presley se fue muriendo a la vista de todo el mundo. En vivo y en directo. La degradación fue pública pero seguía recibiendo vivas, aplausos y bombachas y corpiños sobre el escenario. Casi incitado a ir por más, a caer más bajo.

El show de Indianapolis cerraba la quinta gira del año que emprendía Elvis Presley. Un número demencial teniendo en cuenta su estado. Como un acto de justicia poética, su último show, el del 26 de junio de 1977, lo encontró en mejor forma que el resto del año. El Rey se despidió con una actuación magnética y a la altura (desmesurada) de su leyenda.

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