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Venezuela/Daniela López llora mientras le habla al psicólogo. Recoge las piernas, se agarra de una silla plegable y mira hacia el cielo, como si buscara una respuesta. Tiene 40 años y acaba de perder a cuatro hijos, a su madre y a dos hermanos.
También perdió su casa en los dos terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio y dejaron más de 3.600 fallecidos.
Frente a una pequeña carpa en un parque de Tanaguarena, una de las zonas que sufrió mayor destrucción en el estado de La Guaira, cerca de Caracas, conversa con Alexander Apostol, de la ONG Premiere Urgence que lanzó un programa de ayuda de emergencia en Venezuela con equipos que ofrecen atención gratuita.
López dice que la consulta le hizo "bien".
"Esto lo afecta mucho a uno. Es grande lo que pasó. No es fácil. Es difícil. Es difícil perderlo todo en cuestión de segundos. Perderlos así tan fácil, tan rápido, no sé", explica.
Su esposo Daniel Rivas Pérez, vendedor ocasional en la playa, y sus vecinos la sacaron de debajo de los escombros tres horas después de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, hace dos semanas.
Con una herida grave en la espalda, tuvo que ser hospitalizada, pero en contra de la recomendación de los médicos ha regresado al lugar para dormir cerca de los suyos.
"No me quiero ir. Quiero quedarme aquí hasta lo último. Hasta que los saquen", asegura en referencia a los cuerpos de sus familiares.
Apóstol, de 31 años, vino de Barquisimeto, ciudad 350 kms al oeste.
"Brindamos apoyo emocional, psicológico, a las víctimas sobrevivientes del terremoto", apunta.
Acaba de atender a un hombre que finalmente logró hablar con él lo que no podía con otros que están en su misma situación, porque "siente que quizás los abruma o los agobia".
Atiende en una silla de playa, apoyado en un muro o sentado en unos escalones, siempre al aire libre, donde están los refugiados.
"Venir para acá y conversar de estas cosas les hace sentirse escuchados, validados emocionalmente", refiere Apóstol.
Como efectos postraumáticos, estas personas sienten que todo sigue temblando a su alrededor, tienen dificultades para dormir y temen regresar al edificio en el que vivieron el doble terremoto. También sienten culpa por haber sobrevivido, detalla este psicólogo.
Atraviesan un "duelo múltiple", describe, "porque es el duelo de la pérdida de sus casas, duelo de seres queridos, duelo de mascotas".
También "reprimen mucho sus emociones", prosigue al subrayar que la consulta les permite "drenar".
"Contenerse emocionalmente y tenerlo reprimido tiene muchos efectos negativos, no solo para la mente sino para el cuerpo", advierte.
Frente a su edificio, aún en pie, Raissa Oropeza, de 62 años, presenta todos los síntomas descritos por Apóstol.
Estaba con su nieto de tres años cuando ocurrieron los sismos. Ambos resultaron ilesos físicamente, pero no psicológicamente.
Después de una primera consulta con los psicólogos de Premiere Urgence dice sentirse aliviada. Le recomendaron respirar profundo, calmarse, meditar, rezar, llorar.
"Sobreviví al deslave de Vargas", que causó miles de muertos en 1999 en esta misma zona, "me mataron a una hija por celos, y ahora sufro un terremoto. No se lo deseo a nadie. ¿Qué más puedo esperar de la vida?", se pregunta desconcertada.
"Necesito ayuda psicológica. Estoy aquí completamente sola", confiesa.
En Naiguatá, pequeña ciudad costera que el día de los terremotos celebraba la fiesta tradicional de San Juan, César Rendón, un exrecluso que vivía en un centro de reinserción, cuenta haberse "desahogado" con Apóstol.
"Yo no había conversado con nadie", sobre lo vivido, indica.
"Cuando uno respira, ya uno es rico, ya uno es millonario", afirma. "Toda la riqueza está en la vida", añade, al mostrarle al psicólogo la gatita que rescató de entre los escombros y a la que ha llamado "Vida".