Noticiero Fin De Semana
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En la ciudad de Panamá, 1.8 millones de personas se mueven todos los días. Lo hacen en 600 mil autos, con una red vial colapsada y un sistema de transporte público ineficiente.
El resultado: tranque.
Para el sicólogo Albin Bonilla, de la Universidad de Panamá, el congestionamiento “es un flagelo social” que viven todos, independientemente de su tenga auto o no.
La gente deja de invertir tiempo en sus relaciones afectivas, en sus tareas personales y llega a su empleo cansada. Cuando sin tranque los viajes a los extremos de la urbe deben tardar hasta una hora, en condiciones reales se tarda dos.
Todo esto provoca que aumenten los niveles de cortisol, una hormona esteroidea que a largo plazo puede causar depresión y ansiedad.
Especialistas aseguran que el 70% de las personas que manejan sufren de agotamiento mental al final de la semana.
Según el Instituto de Estadística y Censo de la Contraloría, en Panamá se pierde el equivalente a tres semanas por año viajando sólo de la casa al trabajo y viceversa. 10.1 horas por semana.
En 2011, la Cámara de Comercio estimó que se perdían $1 millón diarios en el embotellamiento. La gente no compra de camino a casa, que suele estar lejos.
Algunos expertos plantean que una de las medidas para acabar con el tranque es terminar con los “barrios dormitorios”, zonas donde la gente sólo va a descansar después de la jornada para empezarla al día siguiente nuevamente.
El tranque también deteriora la calidad del medio ambiente y aumenta los niveles de contaminación acústica.
Un conductor estresado es un riesgo: cada dificultad en el camino será causa de excesiva tensión y ansiedad con desencadenamiento de respuestas de riesgo de tipo erráticas y agresivas.