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Panamá/El mundo del deporte se viste de luto tras confirmarse el sensible fallecimiento de Prichard Colón, el exboxeador puertorriqueño que se convirtió en un símbolo de resiliencia a nivel global.
A los 33 años, Colón se despidió después de más de una década enfrentando las graves secuelas neurológicas derivadas de su último combate en 2015.
Prichard Colón era considerado una de las promesas más brillantes del boxeo de Puerto Rico, un talento con el potencial de arrastrar multitudes y convertirse en una superestrella. Sin embargo, su carrera y su vida cambiaron drásticamente el 17 de octubre de 2015 durante un enfrentamiento contra Terrel Williams.
En aquel combate, Colón fue víctima de repetidos golpes ilegales en la nuca, conocidos técnicamente como “golpes de conejo”. La actuación del árbitro fue duramente cuestionada por su permisividad, ya que no intervino con la contundencia necesaria para proteger la integridad del púgil boricua ante las acciones prohibidas de su rival.
Tras la pelea, el estado de salud de Colón se deterioró rápidamente, diagnosticándosele una grave hemorragia cerebral. El joven boxeador permaneció 221 días en coma y, aunque logró despertar, su vida quedó marcada por daños neurológicos permanentes.
Durante todos estos años, su familia fue un ejemplo de constancia, logrando pequeños pero significativos progresos en su estado físico, lo que le valió diversos reconocimientos, incluyendo homenajes por parte del Consejo Mundial de Boxeo (WBC).
Más allá de su tragedia personal, el caso de Prichard transformó los protocolos de seguridad en el deporte. Su nombre dio origen a la "Regla Prichard Colón", la cual establece cero tolerancia a los golpes de conejo.
Gracias a este lamentable precedente, los árbitros actuales tienen instrucciones de sancionar con rapidez y descalificar a los boxeadores que propinen golpes en la nuca, buscando evitar que otro joven talento sufra las consecuencias de una actuación arbitral negligente.