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Luis Enrique, el Figo del Bernabéu

Luis Enrique, el Figo del Bernabéu
Luis Enrique, el Figo del Bernabéu
Espn
23 de octubre 2014 - 12:01

BARCELONA -- "Me veo en los cromos con la camiseta del Real Madrid y no me reconozco", solía bromear Luis Enrique cuando siendo ya futbolista del Barcelona se le preguntaba por su pasado merengue. Su paso al club azulgrana en 1996 dolió en el Bernabéu en una medida similar a la que protagonizó Figo al cabo de 4 años en sentido contrario. Y si el portugués es aún visto en el Camp Nou como el gran traidor al barcelonismo, al asturiano se le guarda el mismo rencor en la capital de España. Si los regresos de Luis Figo a Barcelona como jugador del Real Madrid estuvieron siempre envueltos en un ambiente incendiario por ser considerado el gran traidor de la historia del club con su paso al máximo rival, los de Luis Enrique a Chamartín con la camiseta azulgrana tuvieron similar consideración... Aunque el asturiano siempre demostró una mayor entereza que el portugués en territorio hostil. "Para cualquier culé jugar en el Bernabéu es especial". El hoy entrenador del Barça habló hace pocos días con conocimiento de causa, doblemente, por cuanto fue protagonista de no pocos Clásicos. Primero con la camiseta del Real Madrid y después ya sumado a la causa azulgrana. Ya sabe lo que es dirigir como "enemigo" en el Bernabéu, por cuanto la pasada temporada se estrenó al mando del Celta, pero este sábado vivirá su primer Clásico desde el banquillo. Y por lo poco que ha dicho hasta ahora, es evidente que espera el choque con el ánimo excitado. Luis Enrique, quien debutó con el Sporting en septiembre de 1989, disputó 241 partidos con el Real Madrid entre 1991 y 1996. Futbolista de fuerte carácter, gozaba de una especial estima por parte de la hinchada merengue, que desembocó en un odio indisimulado cuando, acabado su contrato se marchó al enemigo. Autor de un inolvidable gol en el 5-0 de enero de 1995 al Barça, el asturiano fue reclutado por Johan Cruyff un año después... Aunque el holandés nunca llegó a dirigirle por cuanto un mes antes de su llegada al Camp Nou el presidente Núñez despidió al entrenador. El odio cambió de acera de manera automática. Aquel carácter indomable del que siempre hizo, y sigue haciendo gala, se ganó a la afición del Camp Nou con la misma velocidad que provocó el rechazo en un Madrid que le mantiene entre los personajes más despreciados. La historia de su "traición" explotó en plena temporada. El 21 de marzo de 1996 fue descubierto en Barcelona pasando reconocimiento médico. Le faltaban 3 meses para acabar su contrato con el Madrid y los rumores que ya existían respecto a que Cruyff le quería para la siguiente temporada quedaron confirmados aquella mañana en que el entrenador del Real, Arsenio Iglesias, había dado fiesta a su plantilla. Si por aquel entonces su tensa relación con el club no tenía efectos entre la afición, a partir de aquel momento su nombre comenzó a ser maldito en el club merengue. Desde 1996 y hasta su retirada en 2004 Luis Enrique disputó 333 partidos oficiales con el Barça. Desde Bobby Robson y hasta Frank Rijkaard, todos los entrenadores que dirigieron al club azulgrana en aquellos convulsos 8 años tuvieron en el asturiano a un jugador especial. Y él siempre proclamó, y lo mantiene, que jugar en el Barça fue "lo mejor" de su carrera deportiva. Tal como Figo del Barcelona, Luis Enrique borró sus recuerdos madridistas de manera absoluta. No es extraño, a fin de cuentas, por cuanto el asturiano no solo llegó a ser capitán del Barça, sino que su trascendencia con la camiseta azulgrana fue mucho mayor que la que llegó a tener con la merengue. Anotó 21 goles con el Madrid y 115 con el Barça, un dato que explica el peso que alcanzó en sus 8 campañas, antes de que el Camp Nou en pleno le despidiera con un sentido homenaje el 16 de mayo de 2004 en su último partido como profesional ante el Racing de Santander. Su carácter indomable y su atrevida forma de celebrar los goles ante el Real Madrid acabaron por convertirle en un icono para el Barça y el enemigo mayúsculo para el club de la capital. Luis Enrique le marcó cinco goles como azulgrana al máximo rival, dos de ellos en el Bernabéu en episodios que siguen en el imaginario de los Clásicos. Marcó el empate a dos en una victoria legendaria (2-3) celebrándolo de manera exagerada, estirándose la camiseta y dándose golpes en el pecho ante la bronca general del estadio. "A quien no le guste mi manera de celebrar, que no lo mire", explicó al ser preguntado por el suceso, mientras el presidente del Madrid, Lorenzo Sanz le acusó de "provocar a un club que le pagó siempre muy bien". El 19 de abril de 2003 marcó por última vez en el Bernabéu como azulgrana, el gol con que acabó el partido (1-1) y no reprimiendo tampoco su euforia, durante un choque tenso como pocos en que se encaró de mala manera con Zidane. Su despedida en un Clásico, el 25 de abril de 2004, la celebró de manera especial con la victoria del Barça, 1-2, con gol de Xavi y dedicatoria especial a una grada que le dedicó durante todos aquellos años el famoso grito racista de "¡Luis Enrique, tu padre es Amunike!". "Para un jugador del Barça es gratificante que le piten en el Bernabéu", solía repetir, celebrando la animadversión que se sitió siempre por él en Chamartín. Un sentimiento que mantiene en la actualidad. El pasado 6 de enero volvió ya como entrenador al Bernabéu dirigiendo al Celta en su primera aparición desde su retirada. Un partido sin más historia, por cuanto lo ganó el equipo de Ancelotti por 3-0, tuvo a Luis Enrique al protagonista destacado, siendo objeto de toda clase de improperios por parte de una afición que demostró no haber olvidado su traición. Pero este sábado volverá al primer plano ese odio indisimulado porque regresa otra vez con el "enemigo" y los sentimientos ya afloran en ambos lados. Tanto en Madrid como en Barcelona se desempolvan los recuerdos del Luis Enrique que se pasó al enemigo hace 18 años y que tras 5 temporadas como un obrero en el Real pasó a ser una celebridad en el Barça. Y, más aún, los sentimientos que provocó con su garra y forma de actuar como azulgrana. Un odio que no olvida nadie en la capital de España y que en el Camp Nou es celebrada de manera unánime. Y es que más allá de la batalla entre Cristiano Ronaldo y Messi o del protagonismo que pueda tener, o no, Luis Suárez, el Clásico del sábado tendrá a Luis Enrique en el punto de mira.

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