Noticiero Fin De Semana
En vivo
Ciudad de Panamá, Panamá/El conflicto en Medio Oriente, que escaló a finales de febrero y que hoy cumple un mes tras el aumento de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, ya comenzó a sentirse en Panamá, no en forma de bombas, pero sí en algo más cotidiano: el bolsillo de los ciudadanos.
El impacto más inmediato ha sido el aumento del precio del petróleo, que según reportes ha subido entre un 7% y un 10% en los mercados internacionales, impulsado por la incertidumbre sobre el suministro global.
Ese incremento se traduce directamente en el país. Panamá, altamente dependiente del combustible, ve cómo el alza golpea el transporte, la producción y la distribución de bienes. “Cualquier tipo de disrupción que exista en el tema energético va a tener un impacto, obviamente, en la economía del país”, advirtió Rosmer Jurado, presidente del Sindicato de Industriales.
El efecto no se queda en las estaciones de gasolina. El aumento del combustible arrastra consigo el costo de los alimentos, los servicios y los insumos de producción.
En los últimos ajustes, la gasolina y el diésel ya registraron incrementos en Panamá. Desde la Secretaría Nacional de Energía se indicó que el comportamiento de los precios sigue en evaluación. “Se ha visto un poco reflejado en la evolución de los precios que sí se ha visto al alza, pero todavía estamos iniciando el periodo; recuerden que son 14 días, tenemos la expectativa de que esto vaya mejorando en el tiempo”, dijo Paula Mesé, directora de Hidrocarburos y Biocombustibles de la Secretaría Nacional de Energía.
Ministro del MIDA descarta alza del precio del arroz pese a presión por costos de producción
Ese impacto en el alza del combustible es, en realidad, el inicio de una presión más profunda que se extiende a toda la economía: transporte más caro, distribución más costosa y, eventualmente, productos más caros en los anaqueles.
De hecho, el ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman dijo, en su momento, que el aumento en el precio del petróleo ya está generando una mayor presión sobre los subsidios que asume el Estado, especialmente en transporte público y gas doméstico.
Ante este escenario, el Gobierno ha tomado una decisión clave: no subsidiar el combustible, ni el precio del transporte, ni el gas, ni luz. El presidente José Raúl Mulino fue claro al afirmar que “no visualizo subsidio por parte del gobierno”.
Incluso fue más directo al señalar que “Panamá va a pagar el precio que haya que pagar”.
A pesar de que el Gobierno no ha hecho público un subsidio al combustible como tal, se mantiene en conversaciones con el sector transporte para ayudarles a mitigar este impacto y que el usuario no se vea afectado con un aumento en el pasaje.
La guerra en el Medio Oriente se ha convertido en un conflicto lejano, pero cercano. Irán, uno de los principales productores de petróleo del mundo, controla además un punto estratégico por donde transita cerca del 20% del crudo global. Cualquier tensión en esa zona eleva los precios y genera volatilidad en los mercados internacionales.
En medio del impacto, hay un efecto positivo: el Canal de Panamá. De acuerdo con los directivos de esta empresa, el aumento del precio del combustible ha hecho más atractiva la ruta interoceánica, al ser más corta y eficiente, lo que ha generado un leve incremento en el tránsito de buques.
Pero ese alivio no compensa el impacto general en la economía local. Así las cosas, el mayor riesgo no es lo que ya ocurrió, sino lo que aún no se refleja completamente. Las autoridades han advertido que el mercado todavía no ha incorporado todo el impacto del conflicto, lo que significa que los próximos ajustes podrían traer aumentos más fuertes en los combustibles y, con ello, en el costo de vida.
Mientras la guerra continúa y los mercados reaccionan, Panamá se enfrenta a una realidad conocida pero inevitable: su economía sigue atada a los vaivenes del petróleo y a conflictos que, aunque lejanos, terminan pasando factura en casa.