La Novia de Estambul
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Ciudad de Panamá, Panamá/Hablar de sexualidad en la adolescencia sigue siendo un tabú en Panamá. Entre silencios, mitos y vergüenza, miles de jóvenes crecen sin respuestas claras sobre su propio cuerpo, sus emociones y sus decisiones.
En un país donde las cifras de embarazos adolescentes e infecciones de transmisión sexual continúan en aumento, la falta de información no es solo un vacío: es un riesgo.
¿Qué pasa cuando la educación sexual no llega a tiempo o simplemente no llega?
Cuando tienes dudas sobre tu cuerpo… ¿A quién le preguntas? En Panamá, muchos adolescentes no encuentran respuestas en casa, ni en la escuela, y terminan buscándolas en silencio o en internet.
Luego de conversar con varios adolescentes en distintos puntos de la ciudad, sus respuestas dejaron en evidencia una realidad inquietante: para muchos, la educación sexual sigue siendo un tema ausente en el hogar, por lo tanto, limitado en las aulas y, cuando no, a fuentes peligrosamente desconfiables.
Cuando no hay información clara, aumentan los peligros: embarazos prematuros o no planificados, enfermedades de transmisión sexual, miedo, culpa.
Orlando Quintero es el director de Probidsida y lleva años tratando estos temas con la juventud. “Los jóvenes no tienen acceso a información en casa, tampoco en la escuela, terminan buscándola en YouTube, Google, en fin”.
Un estudio reciente reveló que, aunque adolescentes entre 12 y 18 años aseguran conocer cómo prevenir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, persisten conceptos erróneos: casi la mitad cree que la higiene personal evita el contagio, lo que evidencia serias fallas en la información que reciben.
“Esto es preocupante, tenemos 11 defunciones por VIH en jóvenes entre 15 y 19 años”, señaló Quintero.
La educación sexual no es promover relaciones tempranas; al contrario, es enseñar los peligros, consecuencias, límites, consentimiento y autocuidado.
Unos 349 jóvenes de 15–19 años fueron diagnosticados con infecciones de transmisión sexual en 2024.
Sífilis: En 2019 se reportaron 2,553 casos en edades de 25 a 35.
En 2024, el número subió a 3,925, con un incremento significativo en jóvenes de 15 a 24 años.
Gonorrea: en 2019 se registraron 831 casos.
En 2024, la cifra subió a 1,081, duplicándose en los grupos de 20 a 34 años.
El 2024 cierra con 284 defunciones por VIH, de estas 150 entre personas de 20 a 44 años, según reporta el Ministerio de Salud.
Mientras las cifras de embarazo adolescente y de infecciones de transmisión sexual siguen encendiendo alertas, la pregunta es clara: ¿Quién está educando realmente a nuestros jóvenes?
Para entender cuándo y cómo debe comenzar esta conversación en el hogar, consultamos a Yesica Pinzón, psicóloga clínica y experta en sexualidad. Pinzón señala que los padres debemos abordar el tema durante todo el ciclo de vida de nuestros hijos. “Cuando son niños pequeños, hay que enseñarles el cuidado del cuerpo, manejo de emociones y, cuando entran en la adolescencia, se les tiene que dar la información correcta para que puedan tomar decisiones acertadas en la vida”, señaló.
Para conocer más sobre las principales dudas que tienen los adolescentes, conversamos con jóvenes miembros del Proyecto Juventud, un programa en alianza con el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), Ministerio de Educación (Meduca) y Probidsida. Las principales inquietudes de los adolescentes que ellos visitan en las escuelas son la falta de conocimiento sobre métodos de protección para evitar los embarazos, sobre VIH y sida; tienen temor de preguntar y hablar sobre el tema.
Estos son los principales mitos sobre la sexualidad:
Mito: “La primera vez no pasa nada”.
Realidad: Sí puede haber embarazo o ITS desde el primer encuentro.
Mito: “Si me veo sano, estoy sano”.
Realidad: Muchas ITS no tienen síntomas visibles.
Mito: “El retiro funciona”.
Realidad: No es un método seguro. Hay riesgo.
Mito: “Solo ella debe cuidarse”.
Realidad: la responsabilidad es compartida.
Mito: “Hablar de sexo con los hijos los incita a hacerlo”.
Realidad: Informar reduce riesgos y retrasa decisiones impulsivas.
La directora del Centro Las Claras, Mayté Domínguez, cada vez se sorprende más de los errores comunes que cometen los adolescentes. Mencionó, por ejemplo, que las jovencitas creen que en la primera relación sexual no quedarían embarazadas, que si se bañan después de la acción sexual pueden evitar el embarazo o, por ejemplo, si el varón eyacula afuera, la chica no quedará embarazada.
Para la directora de Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (Aplafa), Jennifer Delgado, hay suficiente evidencia de que cuando se da una debida educación integral en sexualidad, el inicio de la actividad sexual se posterga. Y cuando no, los peligros y los riesgos son mayores, como está sucediendo.
En Panamá, al menos 21 niñas y adolescentes entre 10 y 19 años quedan embarazadas cada día, según estadísticas del Ministerio de Salud. Aunque la tasa de fecundidad adolescente se ha reducido en más de 50 % durante la última década, el embarazo en edades tempranas continúa representando un reto en materia de salud pública y desarrollo social en el país. La falta de información clara y basada en evidencia no solo genera dudas. Tiene efectos reales en la vida de los adolescentes.
Alana (nombre ficticio) tenía 15 años cuando tuvo su primera relación sexual, hoy es madre de una bebé de cuatro meses. Cuenta que no manejaba información sobre métodos anticonceptivos y jamás pensó que podía quedar embarazada. “Fue algo que simplemente sucedió y me sentí muy mal y culpable”. “Creo que si hubiese tenido mayor información antes, no me hubiera pasado. Aunque no me arrepiento de mi bebé”, manifestó.
Cuando una adolescente queda embarazada, muchas veces la conversación gira en torno al señalamiento y no a la prevención que faltó antes.
La conversación en casa no puede comenzar cuando aparece el problema; debe empezar antes, con información clara y sin juicios. El silencio no protege; expone. Si no hablamos nosotros, alguien más lo hará y no siempre con información correcta.
Rosiris Robinson es madre de una adolescente de 13 años. También es catequista de jóvenes. Aunque puede ser a veces complicado llegarle a la juventud, es algo que hace con responsabilidad. “Yo acompaño a mi hija, es mi responsabilidad guiarla, orientarla en lo físico y en lo espiritual. Que ella entienda que tiene que respetarse a ella misma y a las demás personas”.
Detrás de las cifras hay algo que no siempre se mide: miedo, culpa, estigmatización y vergüenza social. Miedo a preguntar, miedo a ser juzgados, miedo a que en casa la respuesta sea un castigo y no una orientación.
Culpa por sentir curiosidad, culpa por tener dudas, culpa por iniciar una vida afectiva sin el conocimiento adecuado.
Hablar de sexualidad todavía incomoda y, mientras incomoda, se evita. Y cuando se evita, se aprende mal. La educación sexual no puede seguir siendo un tema incómodo o postergado.
No podemos responsabilizar a los adolescentes por decisiones para las que muchas veces no han recibido información, orientación ni herramientas adecuadas. Cuando esto ocurre, nuestros jóvenes se convierten en víctimas de una sociedad que, en realidad, necesita que se desarrollen y lleven una vida plena y productiva.