Jelou!
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Panamá/Parece que fue ayer… pero no. Ya pasó un año desde que el mundo despidió al papa Francisco. Y su huella, lejos de borrarse, sigue marcando el paso de millones.
El mundo amaneció distinto aquel día. Era el 21 de abril del 2025 y, desde el Vaticano hasta el último rincón de América Latina, una noticia cruzó fronteras y atravesó corazones: había muerto el papa Francisco.
Fue la partida de un pontífice y el adiós de un hombre que decidió acercar y humanizar a la Iglesia. Un pontificado que inició el 13 de marzo del 2013, cuando desde el balcón de la Basílica de San Pedro apareció por primera vez el argentino Jorge Mario Bergoglio como Francisco, marcando el inicio de un papado distinto.
Durante más de una década, Francisco rompió moldes. Puso en el centro a los olvidados, habló de migrantes, denunció la desigualdad, cuestionó el poder económico y pidió una iglesia menos cómoda y más comprometida.
Fue el papa de los gestos. El que abrazó enfermos, besó pies y pidió perdón. El que llevó el mensaje de fe a las periferias del mundo.
Pero también fue un líder en tiempos difíciles. Cómo olvidar esta poderosa imagen durante la pandemia cuando, bajo la lluvia en una plaza de San Pedro vacía, se convirtió en símbolo de esperanza en medio del miedo global.
Su vínculo con América Latina nunca se rompió. Era, en esencia, uno de los nuestros. Y en Panamá dejó huella imborrable durante la Jornada Mundial de la Juventud 2019, donde su mensaje de inclusión, fe y esperanza conectó con una generación entera.
Por eso y más, TVN Noticias fue testigo directo de su despedida.
Estuvimos en su capilla ardiente, donde el silencio hablaba más que las palabras.
Acompañamos su funeral, donde el mundo se reunió para honrar su legado.
Y caminamos Roma en su último recorrido, siguiendo el féretro hasta su descanso final en la basílica de Santa María La Mayor.
Hoy, a un año de su partida, su voz sigue resonando más allá de los muros del Vaticano, también en las calles, en los pobres, en quienes aún creen que otro mundo es posible.
A un año de su partida, la figura del papa Francisco empieza a tomar la forma que suelen adquirir quienes, en vida, incomodaron más de lo que agradaron.
Ya no está el hombre que hablaba en primera persona, el que pedía salir a hacer “lío”, pero sí queda el eco de una voz que insistía en hacerse a un lado, incluso cuando todo el centro era inevitable.
Con información de Fabio Caballero.