Más de 300 exmilitares salvadoreños fueron contratados como mercenarios para combatir en el Congo, revela informe de la ONU
Según las investigaciones, a estos exmilitares se les prometió un salario mensual superior a los 4,000 dólares, pero una vez en el lugar, la realidad cambió por completo.
Un reciente informe del Grupo de Expertos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reveló que cerca de 300 ciudadanos salvadoreños han sido reclutados desde julio de 2025 para participar en el conflicto en la República Democrática del Congo (RDC). Según el documento oficial, el contingente extranjero —integrado principalmente por expolicías y militares en retiro— apoya directamente al Ejército regular congoleño en misiones de combate en primera línea de fuego.
Aunque las tareas iniciales estaban limitadas a la asistencia logística en Kisangani, la escalada de violencia ha provocado el despliegue del personal salvadoreño en zonas de alta intensidad bélica en las provincias orientales de Kivu del Norte, Kivu del Sur y Tanganica, abarcando localidades como Walikale, Baraka y Kalemie.
La red de captación y las condiciones en el terreno
La investigación de la ONU señala a la empresa salvadoreña Importaciones de Productos Americanos (IMPROA S.A. de C.V.) como el puente corporativo utilizado para enganchar a los efectivos. Dicha firma se encuentra registrada a nombre de dos oficiales retirados: el coronel Juan Emilio Velasco Alfaro y el teniente Rodrigo Antonio Tejada Alvarenga.
Pese a que el objeto comercial de la empresa no estipula los servicios de seguridad privada internacional, sirvió para coordinar contratos anuales bajo la promesa de un salario mensual de $4,225 dólares. Sin embargo, la realidad documentada por Naciones Unidas dista de las condiciones ofrecidas:
- Incumplimientos financieros: Se reportan recurrentes retrasos e impagos en los salarios de los contratistas.
- Crisis sanitaria: Múltiples reclutas han tenido que retornar a El Salvador tras contraer malaria y requerir atención hospitalaria urgente.
- Infraestructura precaria: El informe de la ONU incluye imágenes de campamentos improvisados y búnkeres rústicos protegidos con sacos de arena.
Por su parte, el Gobierno de El Salvador se desmarcó de la situación, notificando al Grupo de Expertos que el Estado no poseía conocimiento ni extendió autorizaciones para el reclutamiento de sus nacionales con fines bélicos en África.
El frente de batalla: La lucha contra el Grupo M23
La inclusión de contratistas militares privados en la RDC coincide con el debilitamiento de la misión de paz oficial de la ONU (MONUSCO) y la incapacidad del ejército local para contener al Movimiento 23 de Marzo (M23). Este grupo rebelde, de mayoría étnica tutsi y respaldado militarmente por la vecina Ruanda, asestó un golpe crítico a inicios de 2025 al capturar las capitales estratégicas de Goma y Bukavu, consolidando su control territorial en el este de la nación.
La privatización de la guerra genera alarma internacional debido a que estos actores operan fuera de los marcos legales internacionales, dificultando la rendición de cuentas ante posibles crímenes de lesa humanidad en una región donde el M23 ya es señalado por masacres y reclutamiento forzoso de menores.
Minerales de sangre: La raíz económica de la guerra en el Congo
La inestabilidad en el este de la República Democrática del Congo arrastra más de tres décadas de vigencia, originada tras el flujo de refugiados del genocidio de Ruanda en 1994, detonante de la Primera y Segunda Guerra del Congo.
No obstante, el factor contemporáneo que perpetúa la violencia no es meramente político, sino el control de los recursos económicos. La región alberga las reservas más grandes del mundo de minerales críticos para la tecnología global:
- Coltán: Indispensable para la fabricación de teléfonos inteligentes.
- Cobalto: Elemento esencial en las baterías de vehículos eléctricos.
- Oro: Recurso clave de financiamiento internacional.
Las decenas de facciones armadas operantes autofinancian sus arsenales mediante la minería ilegal y el contrabando de coltán, canalizando los recursos hacia mercados internacionales a través de las fronteras vecinas. La paradoja de la RDC radica en que su inmensa riqueza mineral se mantiene como el motor que costea su prolongada crisis humanitaria.