Cubanos en Florida mantienen envíos a la isla pese a problemas logísticos y debate político

Cuba vive una de sus peores crisis económicas agravada aún más desde que Nicolás Maduro fue capturado
Cuba vive una de sus peores crisis económicas. / AFP
AFP
22 de febrero 2026 - 11:00

Hialeah, Estados Unidos/A primera hora del jueves, Gisela Salgado llegó a una tienda de Florida con una bolsa de ropa, café y leche en polvo para enviársela a su hermano en Cuba, donde una grave crisis económica y energética empeoró desde que Washington bloqueó los envíos de petróleo venezolano.

La escasez de carburante en la isla, reforzada por la voluntad de la administración de Donald Trump de presionar al gobierno comunista de La Habana, obligó a algunas agencias floridanas a restringir el envío de artículos a Cuba por problemas logísticos; pero los clientes siguen acudiendo.

Y en Miami y sus alrededores se reavivó un viejo debate entre quienes defienden seguir ayudando a allegados con remesas y productos básicos y quienes abogan por cerrar del todo estos envíos, considerados como una válvula de escape para el poder cubano.

Frente a la oficina principal de la agencia Cubamax, una decena de clientes esperan a que el comercio abra sus puertas.

Llevan bolsas o carritos con artículos básicos, o simplemente un sobre con un puñado de dólares. Aquí en Hialeah, una ciudad vecina de Miami donde casi tres de cada cuatro habitantes son de origen cubano, no hay debate.

"Aquello está malísimo. Se están muriendo de hambre, no hay nada", dice Salgado, de 72 años, sobre el país del que emigró hace cuatro décadas.

"Pueden cerrar todo lo que les dé la gana que yo, mientras tenga a mi hermano allí, seguiré mandando. Él no tiene que ver con el gobierno y, si yo no le mando, ¿cómo se va a alimentar?", agrega.

Cerca de ella, José Rosell, de 81 años, ha venido a enviarle comida y productos de aseo a su hijo de 55. Éste, un taxista de Santiago de Cuba, se ha quedado sin trabajo por la escasez de combustible, y su padre teme no poder seguir ayudándole.

¿Bloqueo total?

La semana pasada, Cubamax, una de las principales agencias de envíos hacia Cuba, anunció la suspensión de las entregas a domicilio en la isla y limitó los envíos a un paquete por cliente, por la falta de combustible.

Aunque ya levantó parte de esas restricciones, la noticia provocó largas filas de espera en las oficinas de la empresa, donde los clientes temían no poder seguir ayudando.

Otros negocios como Supermarket23, que vende desde el extranjero paquetes de comida y artículos básicos para entregar en Cuba, comunicaron que no aceptarían nuevos pedidos hasta nuevo aviso.

Estos envíos son posibles gracias a las exenciones del embargo estadounidense contra Cuba, que permite los intercambios entre familiares pese a prohibir el comercio con la isla.

Este tipo de negocios está desde hace tiempo en el punto de mira de miembros de la diáspora cubana de Florida.

La semana pasada, tres congresistas estadounidenses de origen cubano, Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar, pidieron al gobierno de Trump que retire las licencias a comercios que acusan de operar con entidades controladas por el gobierno comunista.

El popular presentador cubano-estadounidense Alex Otaola defiende, por su parte, cortar toda ayuda a Cuba bajo el lema "El Parón", una campaña que provoca intensos debates en redes sociales.

Para Emilio Morales, presidente del Havana Consulting Group, una firma experta en la economía cubana, cortar los envíos "no va a cambiar nada la ecuación".

El gobierno cubano apenas tiene acceso a las remesas, porque éstas suelen llegar a través de viajeros particulares, las llamadas "mulas", explica. Y los paquetes mandados desde el extranjero sólo alivian a una minoría de personas y no cambian casi nada a la situación en la isla.

Desde una cafetería de Hialeah, Reina Carvallo, una cubana de 59 años, pide diferenciar entre el gobierno y los habitantes, como los dos hermanos a los que envía medicamentos y artículos básicos.

"Al régimen que le corten la cabeza, que es lo que merece, pero el pueblo no tiene por qué pasar necesidades", afirma. Para ella tampoco hay debate.

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