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España y Francia enfrentan una semana decisiva para controlar los incendios forestales, ante la llegada de una nueva ola de calor que amenaza con reactivar los focos que han devastado las inmediaciones de Madrid y el suroeste de Francia.
En España, las autoridades informaron este lunes que el avance de los incendios de magnitud histórica se ha ralentizado, aunque trabajan contrarreloj para estabilizar el perímetro antes de que, a partir del miércoles, las altas temperaturas eleven el riesgo de nuevos incendios a niveles extremos.
A los incendios en los alrededores de Madrid se suma otro foco en el este del país, en Castellón, hasta donde viajó este lunes el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
"Quedan horas difíciles, horas complejas. Vamos a tener un aumento de las temperaturas", advirtió el dirigente socialista.
Los incendios se propagaron rápidamente debido a la vegetación reseca por las sucesivas olas de calor registradas desde mayo y la falta de lluvias. Solo en la zona de Madrid y sus alrededores, las llamas han consumido decenas de miles de hectáreas y obligaron a evacuar a 75.000 personas de sus hogares y lugares de vacaciones.
En Cebreros, a unos 100 kilómetros de Madrid, el aire continúa impregnado de humo y olor a quemado, mientras en las afueras todavía hay vegetación ardiendo.
David Sánchez, un pintor y decorador de 48 años, pudo regresar este lunes a su vivienda tras ser evacuado y encontró sus cultivos destruidos.
"Se me han quemado muchas olivas y pistachos. Ahora toca limpiar, volver a plantar y seguir. Es una mierda, la verdad. Y es que volvió a activarse el fuego ahí abajo", lamentó.
El incendio, originado en la provincia de Ávila y extendido posteriormente a la región de Madrid, es considerado por el Gobierno como "el mayor incendio forestal de la historia reciente" del país, con cerca de 50.000 hectáreas afectadas.
"Es desolador. Ciervos muertos, animales desaparecidos. Ahí arriba hay animales muertos, los tengo grabados", relató a la AFP Karim Benali, voluntario de la zona, desde una carretera cercana al municipio de Navaluenga.
Aunque las autoridades señalaron que los incendios "han disminuido en su avance", insistieron en que el fuego sigue activo y sin estabilizar.
Además, la ventana para controlar las llamas es reducida, ya que una nueva ola de calor llegará el miércoles y se prolongará al menos hasta el domingo, con temperaturas que podrían alcanzar los 40 °C.
Pedro Sánchez atribuyó la emergencia al cambio climático.
"No es una sucesión de episodios aislados, sino la expresión más dolorosa de una emergencia climática. Ya no es una excepción, es la regla en sí misma", afirmó.
Al otro lado de los Pirineos, Francia enfrenta, a las puertas de Burdeos, uno de los peores incendios desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
El fuego ya ha arrasado 42.000 hectáreas —el equivalente a dos veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires— y ha obligado a evacuar a 220.000 personas.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió que el megaincendio en la costa atlántica "aún no está fijado" y pidió prudencia ante la llegada de otra ola de calor desde este martes, con temperaturas de hasta 40 °C.
"Las semanas que vienen serán duras y tenemos que aguantar", expresó el presidente francés, Emmanuel Macron, durante una visita a los bomberos. Además, señaló que será necesario "reconstruir un bosque diferente" para adaptarlo al cambio climático.
En Le Porge, uno de los municipios más afectados, Manu Gonçalves reparte desde su camión de comida raciones de pollo asado a los bomberos que permanecen durante horas en la primera línea del combate contra las llamas.
"Siguen en el frente sin siquiera descansar", explicó a la AFP.
En esa localidad, donde se concentran la mayoría de las 240 viviendas destruidas, también han surgido críticas por la gestión de la emergencia.
"Tenemos un sentimiento de abandono", denunció la consejera municipal Dorothée Benassy, quien aseguró que se dio prioridad a proteger las residencias de lujo ubicadas en Cabo Ferret.
En la carretera que conecta Le Porge con Saint-Jean-d'Illac se observan decenas de kilómetros de bosque completamente calcinado y aún humeante, junto a viviendas reducidas a escombros.
Los expertos advierten que los bosques europeos son ahora más vulnerables al fuego debido a la intensa sequía que afecta a la vegetación y a los suelos desde hace meses, una situación agravada por el cambio climático y las sucesivas olas de calor extremas.