Merkel reconoce que Grecia pagó un alto tributo durante la crisis de la deuda

Personas caminan en una calle en Grecia / AFP
Afp
29 2021 - 08:54

La canciller alemana saliente, Angela Merkel, cerró este viernes su última visita oficial a Atenas, en la que reconoció que Grecia pagó un alto tributo durante la crisis de la deuda.

Al final de sus dieciséis años, Merkel reiteró que era "consciente de las limitaciones y los desafíos a los que se habían enfrentado los griegos" durante la cura de austeridad destinada a consolidar la estabilidad del euro.

Pero, la canciller también señaló que el ajuste habría sido menos brutal si Grecia y varios otros Estados de la UE hubieran emprendido reformas clave en periodos prósperos.

Considerada como "una de las mujeres más odiadas de Grecia", según llegó a decir el tabloide alemán Bild, Merkel admitió en septiembre que "el momento más difícil de mi mandato fue cuando pedí tanto de Grecia".

La crisis griega fue "un periodo de histeria", según la revista alemana "Der Spiegel", indicando que "Grecia se salvó, pero no la idea europea."

"Creo que todos estamos muy conmocionados por la fragilidad del euro frente a la especulación externa", confesó este viernes Merkel después de una reunión con el primer ministro griego, el conservador Kyriakos Mitsotakis.

Las relaciones greco-alemanas "han conocido altibajos, pero se basan en cimientos sólidos", manifestó Merkel.

En el punto álgido de la crisis en 2012, Merkel fue recibida en Atenas por manifestantes que lucían carteles con la esvástica nazi o caricaturas de ella como si fuera Hitler.

A partir de 2010, la canciller reclamó al entonces primer ministro, el socialista Yorgos Papandréu, medidas de austeridad para recortar el déficit público. Desde entonces, entre los griegos se ve a Merkel como la "dama de hierro" de Europa.

Con su entonces ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, Merkel exigió a Atenas dolorosos recortes presupuestarios y fuertes aumentos de impuestos a cambio de tres planes de rescate de más de 300.000 millones de euros (370.000 millones de dólares).

Las pensiones se recortaron y el salario mínimo mensual cayó a unos 500 euros (585 dólares) a la par que se ponía en marcha una ola de privatizaciones, especialmente en la sanidad, cuyos hospitales trabajaban con plantillas escasas y falta de medicamentos y material.

- "Un país diferente" -

"Grecia es un país diferente al que conoció durante la década anterior. Ya no es una fuente de crisis y déficits", aseguró Mitsotakis, dirigiéndose a la dignataria alemana.

"Merkel fue la voz de la razón y la estabilidad en Berlín y Bruselas. A veces injusta, pero decisiva en momentos cruciales", como en 2015, cuando rechazó la salida de Grecia de la Unión Europea, prosiguió el primer ministro.

Por su parte, la presidenta griega Katerina Sakellaropoulou, en un encuentro separado, elogió la ayuda de Alemania durante la crisis migratoria de 2015, cuando casi un millón de refugiados desembarcaron en las islas griegas, y destacó que este momento había "contribuido al entendimiento mutuo".

A su lado, la jefa de Estado helena destacó que "Grecia había sido llamada a pagar un alto tributo" durante la crisis de la deuda.

La elección del líder de izquierda radical Alexis Tsipras en enero de 2015 llevó a un verdadero pulso entre Berlín y Atenas.

El primer ministro griego quiso romper los acuerdos e invitó a Merkel a irse a casa. Grecia estaba amenazada con ser excluida de la zona euro aunque, finalmente, cedió a la presión de sus acreedores y aceptó nuevas medidas de austeridad.

En un artículo del semanario alemán Die Zeit el mes pasado, Alexis Tsipras dijo que la "honestidad" había "fortalecido el clima de confianza" entre el Canciller y él, a pesar de sus diferencias políticas.

Ese recuerdo todavía causa mella en la imagen de Merkel. Un sondeo de Pew Research en 16 países indicó que solo un 30% de los griegos le guardan estima, contra una media del 77% en las otras naciones consultadas.

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