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Panamá/El incremento de homicidios por encargo en Panamá responde a una transformación del crimen organizado que, según el criminólogo y docente universitario Tirso Castillo De Lemos, lleva décadas desarrollándose en el país y hoy involucra cada vez más a jóvenes panameños reclutados por pandillas vinculadas al narcotráfico.
El especialista explicó a TVN Noticias que el fenómeno del sicariato no es reciente y recordó que desde la década de 1990 ya se registraban asesinatos por encargo cometidos por extranjeros, principalmente colombianos, que ingresaban al país para ejecutar crímenes y luego abandonaban el territorio nacional.
“Ya en la década del 90 del siglo pasado, ya en Panamá se estaban realizando los primeros casos de homicidios por encargo”, afirmó Castillo, al referirse a una investigación elaborada por el Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá titulada "Estudio Sociológico-Criminológico del Homicidio por Encargo en Panamá".
El investigador indicó que con el paso de los años el modelo criminal fue adoptado por estructuras locales. “Eso ya ha sido aprendido por el crimen organizado local. Ya hay sicarios panameños que se han especializado y que hacen este tipo de muertes violentas”, sostuvo.
Castillo detalló que detrás de cada homicidio por encargo existe una estructura organizada integrada por contratantes, intermediarios y ejecutores. Según explicó, el sicario actúa por motivaciones económicas y el valor del asesinato depende del perfil de la víctima.
“El sicario es el que cobra y su tarea es cobrar por asesinar a una persona a la que le encarguen asesinar”, expresó.
Al abordar cómo evolucionó el fenómeno en Panamá, el criminólogo recordó uno de los casos más notorios ocurridos en 2003 en Vía Brasil, cuando un asesino disfrazado de payaso ejecutó a su objetivo sin levantar sospechas.
“Quién iba a pensar que ese payaso que se desplazaba en una moto era un sicario”, comentó. Según explicó, el disfraz permitió al homicida acercarse a la víctima, disparar y escapar sin ser identificado.
Recordó las investigaciones realizadas años atrás sobre supuestos entrenamientos de sicarios en San Miguelito. Ante ello, Castillo aseguró que actualmente el perfil del sicario ha cambiado y desmintió la idea de que se trate de figuras similares a personajes cinematográficos.
“El sicario es un adolescente, un joven, que es parte de una pandilla”, manifestó. Explicó que muchos de estos jóvenes son obligados a cometer homicidios como una forma de demostrar lealtad y ganar reconocimiento dentro de grupos criminales.
De acuerdo con el experto, las disputas territoriales entre pandillas están relacionadas directamente con el control del narcotráfico.
La razón fundamental que motiva estos casos de homicidio por sicariato es el control, el poder que tenga esta pandilla, que está vinculado al narcotráfico aquí en Panamá”, señaló.
Castillo también advirtió sobre el uso de redes sociales para proyectar poder dentro de la subcultura criminal. Indicó que muchos jóvenes exhiben armas de fuego y buscan notoriedad dentro de las pandillas.
“El arma de fuego para él es lo que lo va a proyectar ser un hombre ya famoso dentro de la subcultura criminal”, afirmó.
Sobre qué están haciendo las autoridades frente al crecimiento de las pandillas, luego de que se reconociera públicamente la existencia de más de 150 grupos a nivel nacional y más de 30 en San Miguelito.
El criminólogo señaló que el problema debe analizarse desde una perspectiva social y no únicamente represiva. “¿Por qué hay criminalidad en nuestro país? Es por el fracaso de esas normas sociales que tienen que velar por la convivencia social”, expresó.
Además, responsabilizó al Estado por la falta de oportunidades y programas de prevención dirigidos a jóvenes en riesgo social. “Ese joven que está en conflicto social con la ley, un joven delincuente, que no se le da la ayuda de orientarlo, de evitar que se convierta en un potencial delincuente”, dijo.
Castillo sostuvo que muchos jóvenes terminan ingresando al sistema penitenciario, donde, según indicó, fortalecen sus vínculos con organizaciones criminales. “Van entonces a los centros penitenciarios, donde son las universidades del crimen”, afirmó.
El especialista concluyó señalando que antiguas pandillas dedicadas a delitos comunes evolucionaron hacia estructuras criminales más violentas vinculadas al narcotráfico y al sicariato. “Hoy día, esos delincuentes que antes eran delincuentes comunes, ahora hoy son chacales, son sicarios, son narcotraficantes y son los responsables de esta ola de homicidios”, advirtió.